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Panóptico

Demasiados asesinos de niños

Javier Sepúlveda

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La cifra es espeluznante: tres niñas o niños, incluidos desde bebés y recién nacidos hasta adolescentes, son asesinados diariamente en México, sin contar que un porcentaje importante sufrió abuso sexual, a veces por largo tiempo, por parte de sus verdugos.

Y según las autoridades que llevan las cifras, como el Sistema de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), o la Unicef, el panorama ha mejorado porque, hasta hace poco, el promedio nacional de infanticidios era de cuatro por día.

Por desgracia, volteamos a ver estos números solamente cuando un caso se vuelve de alto impacto mediático por el modus operandi del homicida, como fue el caso de la menor de ocho años Ana Lizbeth, asesinada en una colonia de Juárez, Nuevo León.

Ella fue raptada el domingo y asesinada horas más tarde por su captor, Juan Fernando “N”, un ex policía y violador serial con un amplio expediente.

Como el asesinato de Ana Lizbeth hay tres diarios en el país, pero no todos capturan la atención de los medios y muchos de ellos caen en el olvido, mientras los asesinos de estos menores siguen prófugos y en calidad de depredadores.

Hay que decir, también, que hay un amplio portafolio de perfiles de asesinos, maltratadores y violadores de niñas y niños que muchas veces se convierten en asesinos.

Hay desde padres y padrastros que matan a golpes a sus bebés porque no dejan de llorar, los que violan a sus hijas e hijastras, a veces con el consentimiento de sus madres biológicas con tal de no ser abandonadas, o los pedófilos que violan y llegan hasta el asesinato para no ser denunciados.

Según la Unicef, existen factores importantes que detonan estas agresiones: la pobreza, el alcoholismo, la violencia familiar, la violencia de género, prácticas de crianza severas, falta de seguridad en el entorno y normas sociales que fomentan y/o normalizan la violencia.

Es un panorama complicado, sin duda, pero el trabajo empieza desde casa, prosigue en la escuela y debe permear en el entorno de barrios y comunidades.

De qué nos sirve tanta tecnología si, como sociedad, no podemos frenar el asesinato de nuestros niños.

javier.sepulveda@milenio.com

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