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Jueves , 18.10.2018 / 09:33 Hoy

Panóptico

Cuenta regresiva al 4 de octubre (II)

Javier Sepúlveda

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La renuncia de Sócrates Rizzo a la gubernatura el 18 de abril de 1996 marcó un antes y un después en la era de gobernadores de Nuevo León emanados del presidencialismo que ganaban elecciones de carro completo.

A Pedro Zorrilla Martínez lo envió Luis Echeverría; a Alfonso Martínez Domínguez lo rescató José López Portillo tras siete años de ser congelado políticamente por el mismo Echeverría, tras la matanza de estudiantes en San Cosme en junio de 1971.

El destape de Martínez Domínguez en diciembre de 1978 refrescó la vida política de Nuevo León, al integrarse al equipo de campaña a personajes como Graciano Bortoni Urteaga, quien sería luego, durante el sexenio completo, uno de los secretarios de Gobierno más poderosos que se recuerde.

Otros políticos con formación académica de alto nivel también fueron integrados al Gabinete de Martínez Domínguez, como Romeo Flores Caballero, quien fue el secretario de Educación y Cultura.

Pese al origen presidencialista y lealtad al entonces mandatario José López Portillo, los grupos políticos de izquierda y de derecha de Nuevo León le reconocieron pronto al gobernador su mano dura y su eficacia en la toma de decisiones y acciones de gobierno.

Vendría luego, en 1984, el destape de Jorge Treviño, el amigo del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, quien siendo diputado federal, se alzó con la candidatura entre varios finalistas, entre ellos el economista René Villarreal.

La campaña de 1985 de Jorge Treviño fue contra el panista Fernando Canales Clariond, quien durante ese año proyectó al PAN como un partido fuerte y por primera vez con posibilidades reales de llegar al poder.

Convocó, tras oficializarse su derrota, a una serie de marchas en julio de aquel año, al acusar a su adversario priista de fraude electoral.

Un día después de asumir el cargo Jorge Treviño, el 2 de agosto de 1985, la última marcha panista hasta el Palacio de Gobierno acabó en un enfrentamiento con la Policía con saldo de decenas de heridos, golpeados y gaseados, cuando trataron de ingresar a la fuerza a la sede del poder estatal.

Los medios locales documentaron brutalidad policiaca, ya que los uniformados persiguieron y golpearon a los manifestantes por varias cuadras, incluso ingresaron a la redacción de El Porvenir para sacar a macanazos a uno de ellos.


javier.sepulveda@milenio.com

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