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Miércoles , 21.11.2018 / 07:16 Hoy

¿Podemos vivir sin gobierno? (y cómo evitarlo)

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¿Es realmente necesario el gobierno en los Estados nacionales de las sociedades contemporáneas? La teoría diría que no, pero la realidad demuestra lo contrario: en la actualidad, Irlanda desde enero de 2017 carece de gobierno. Alemania, desde septiembre de ese mismo año se encuentra en igual situación. Por si lo anterior fuera poco, desde el pasado 20 de enero y por tres días, en los Estados Unidos, se dio el fenómeno que se conoce como “cerrar el gobierno”, que si bien no tiene una connotación similar a lo que ocurre en los sistemas parlamentarios, reduce la función gubernamental a los servicios esenciales. Entre 2010 y 2011, Bélgica rompió récord al permanecer 589 días (un año y casi ocho meses) sin gobierno. Y, más recientemente, España, desde el 21 de diciembre de 2015, pasó 315 días sin acuerdo para formar un nuevo gobierno.

Conviene hacer notar que una situación de esa naturaleza no ha significado el caos ni la anarquía ya que, en los países parlamentarios, el gobierno saliente continúa en funciones, sólo que con potestades limitadas. Si se reelige –como en España o Alemania–, hasta en tanto no sea investido, no podrá definir o aplicar las nuevas políticas, ni aprobar los fondos para financiarlas. No obstante, interesa destacar lo siguiente:

1.- Que puede ser deseable, más no imprescindible o necesario, que la política guíe la administración (como decía Max Weber). Empero, últimamente, se ha demostrado que las sociedades pueden funcionar ‘sin gobierno’ (política), teniendo sólo administración [“mucha administración y poca política” dijera José Yves Limantour, el secretario de Hacienda de Don Porfirio Díaz]. Cuando esto ocurre, no ha causado crisis económica o política; y, lo que es más: su sistema político no cambia por uno no democrático.

2.- Que no es cierta la supuesta superioridad del sistema parlamentario sobre los otros dos sistemas de gobierno (presidencial y semipresidencial) ni que aquél sea una panacea para resolver todos los males habidos y por haber de los gobiernos y de los gobernados, como equivocadamente se cree en México. Si esos países han podido funcionar sin gobierno es por la fortaleza de su sistema democrático y no por las “virtudes” de su sistema parlamentario.

No se está diciendo que carecer de gobierno sea aspiracional, pero tampoco que no tenerlo sea malo. Lo que se indica es que donde se ha presentado ese indeseable fenómeno es en sistemas parlamentarios atípicos que cuentan con un Jefe de Estado que ejerce facultades ejecutivas; o bien, en donde su Constitución prevé la figura de ‘gobierno en funciones’ [que implica una prórroga de facto en el mandato del gobierno anterior]; o incluso hasta la de ‘gobierno de minoría’. En cambio, en los sistemas presidenciales, después de las elecciones invariablemente empieza un gobierno. En ellos, sólo se puede “cerrar el gobierno”, pero nunca carecer de gobierno.

3.- En los países en que se ha dado este fenómeno, lo que está fallando no es el modelo de gobierno o las estructuras gubernamentales, sino la democracia representativa basada en la política de partidos, en la elección de políticos sólo por el método de sufragio popular y con una toma de decisiones basada en la regla de la mayoría. Este paradigma inevitablemente conducirá a impasses o parálisis como las que se han presentado en Irlanda Alemania y Estados Unidos.

Si la democracia no sólo es un sistema de gobierno, sino un sistema de vida, y si la pluralidad política está cada vez más arraigada, debe pensarse entonces en otros procesos o instituciones para agregar intereses que no sean sólo los partidos políticos. Deben imaginarse instituciones más estables para aplicar programas más duraderos que respondan a una lógica de decisión democrática, pero más elitista o censitaria, ajena a las pasiones populares y de la política.

El objetivo debe ser evitar bloqueos o parálisis que lleven a ‘cerrar gobiernos’ o ‘carecer’ de ellos, sin que eso signifique prescindir de la política como medio para construir consensos destinados a la creación de bienes públicos. Debe pensarse en enriquecer el modelo de democracia representativa basada en partidos, con uno de democracia por sorteo.

Doctor en Ciencias Sociales y presidente del Colegio de Jalisco

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