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Jueves , 13.12.2018 / 01:01 Hoy

Ekos

Voto de confianza

Javier García Bejos

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Con dificultad salió el Presidente López Obrador de su casa y así avanzó hasta San Lázaro, rodeado de la gente que lo llevó a ganar abrumadoramente la elección pasada. En el mismo coche y con los mismos símbolos, luego de una prolongada lucha por llegar a la Presidencia llegó a la Sesión Solemne en donde reinó un ambiente republicano de respeto.

Unos y otros decidieron inaugurar esta nueva etapa fruto de la muy madura democracia mexicana enviando una señal poderosa sobre lo que ha alcanzado México en sus transiciones; la estabilidad entre quienes se van y reciben fue el marco final de meses de un proceso inédito de la vida nacional.

El Presidente Peña Nieto con estatura de hombre de estado atestiguó el final de su administración y el inicio de un nuevo ciclo en la presidencia conociendo que el nuevo discurso no tendría puntos de encuentro. En el mensaje, volvió a aparecer el aplastante diagnóstico realizado una y otra vez por el Presidente López Obrador: el neoliberalismo, en el concepto que él le ha dado, llega a su fin, y la corrupción ha sido la lápida que impide a México crecer y desenvolverse.

Habló del perdón al pasado y la no tolerancia al futuro, repitió que no piensa fallar y en todo momento reto al tiempo. Consolidar la llamada “cuarta transformación” requerirá de muy audaces y profundos cambios, sobre cómo es nuestro Estado, nuestro pacto social y cómo funciona el Gobierno.

Habló de la gente y sus aspiraciones, de la riqueza natural de México y esbozó las ideas de lo que será la ruta que habremos de recorrer en los siguientes años. En un concepto a destacar, la relación con Estados Unidos y Canadá se plantea con una nueva agenda ambiciosa más allá del comercio para resolver desde Centroamérica el subdesarrollo y detener la migración.

Mirar al norte y al sur será un nuevo mapa de ruta. La historia siempre estuvo presente en sus palabras, quizás a primera vista el anclaje de las ideas viene del pasado y hasta la nueva imagen del gobierno parece ser de otra época; sin embargo, habló para todos los que debía hablar haciendo lo que lo llevó hasta la más alta tribuna del país: mantener congruencia absoluta con el discurso que siempre ha manifestado.

Más allá de estar de acuerdo o no, es momento de dar un voto de confianza, de evitar la polarización, de convocar a la unidad de todos y en esa iniciativa cuenta mucho lo que los ciudadanos debemos hacer. Que a México le vaya bien es tarea de todos, no solo del gobierno, por eso tenemos que iniciar esta nueva etapa con la esperanza de lo que nace y puede funcionar.

En el camino la libertad nos permitirá disentir, nos hará buscar alternativas diferentes o acabaremos por generar un consenso que permita de una vez por todas, por ejemplo, cerrar el paso a la violencia que tanto esta lastimando al país.

Un voto de confianza no es un voto a ciegas, es un voto construido por la generosidad con la que se hace la buena política, la política que suma a todos, la política que puede remediar y puede sanar heridas abiertas que tiene México.

Ese voto de confianza es un voto, entonces, por el bien de todo nuestro país

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