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Presente y futuro

Javier García Bejos

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Los jóvenes de nuestro país tienen una cosa muy clara: su gran amor por México. Hoy, tienen esperanza y quieren participar en la construcción de una nación más justa y próspera.

Los jóvenes son también los protagonistas de legítimos reclamos, y reaccionan con fuerza ante una agenda de pendientes que consideran fundamentales.

Recientemente, los jóvenes nos dieron una importante lección durante el difícil septiembre, recargado de desastres naturales; se hicieron sentir, estaban organizados y levantaron las piedras de la tragedia.

Se presentaron ante una sociedad que los catalogaba de indiferentes como todo lo contrario, como patriotas dispuestos y comprometidos.

Antier, tuve el gusto de asistir a la decimotercera reunión de los titulares de institutos de la juventud de todo el país.

Recordé que el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), en la administración del presidente Peña Nieto, dejó de estar sectorizada a la SEP y ahora, desde la Sedesol, reconocemos la posición de vulnerabilidad de un grupo que nos exige una educación de calidad, capacitación, trabajo y acceso a servicios de salud.

Particularmente, nos exigen vivir en un país con oportunidades de inclusión, con paz y con posibilidades de hacer de la innovación y el emprendimiento motor de lo cotidiano.

Como me sucede a veces, no pude leer el discurso que había preparado; tenía frente a mí a funcionarios que tienen una tarea que estimé importante señalar.

Y así, les pedí que pensáramos que un gran pendiente que tenemos que atender es dignificar, con ejemplo y trabajo, al servicio público.

Si algo se ha convertido en un verdadero desafío es recuperar la confianza de los ciudadanos, que ven prácticamente en todo el gobierno a personas deshonestas y poco capaces.

Tenemos que dejar atrás inercias y reaccionar ante una realidad innegable:

El buen gobierno se construye por principio con buenos ciudadanos, por personas que por mérito participan en el servicio público y lo hacen con compromiso y honestidad.

Yo conozco a muchos que dignifican con su ejemplo de trabajo nuestra profesión, pero como nunca antes, es imperativo que sean los jóvenes que trabajan en el gobierno los que abanderen la causa de devolver a la tarea pública dignidad y credibilidad.

En este tipo de reuniones que congregan a jóvenes de las 32 entidades, es fundamental que, cuando regresen a sus lugares de origen, a sus comunidades, se lleven consigo la sensación de que su actuar genera un cambio positivo para los que los rodean.

Juntos, debemos pensar en la importancia que tiene para las futuras generaciones el contar con funcionarios que tienen un impacto en el bienestar de una sociedad, y que realizan su labor con el más alto profesionalismo y seriedad.

Sin duda, si a alguien le gusta el servicio público es esencial que pueda continuar su camino defendiendo principios fundamentales que sirvan para forjar una nación basada en la honestidad, una patria que le responda a la gente.

Como yo lo he visto, los servidores públicos ejemplares existen. Tan solo ayer, nos dejó Rosario Green, pero nos hereda un legado de urgente rescate: servir y no servirse.

Ahora, está en las presentes y futuras generaciones tomar esta lección e ir consolidando una profesión marcada por la excelencia, la entrega de buenos resultados y el amor por México.

@jgarciabejos

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