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Olímpicas reflexiones

Javier García Bejos

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Cada cuatro años se congregan en un país todas las demás naciones representadas por sus atletas. Cada cuatro años, los Juegos Olímpicos nos recuerdan el valor universal que es el deporte y la importancia que tiene para desarrollar sociedades sanas, en donde conviven unos países con otros, alineados por el reglamento de la competencia justa y limpia y en donde no importa la religión ni la política; para miles de jóvenes, solo importa solo la aspiración a ganar.

Cada cuatro años vemos surgir nuevas figuras y caer récords que parecían insuperables. Se encumbran figuras como Phelps, quien ha ganado tantas medallas en cuatro juegos que dudo que en este siglo volvamos a ver a un atleta tan laureado como él. Bolt, el hombre más rápido del mundo, nos mantiene sin parpadear durante diez segundos, corriendo 100 metros a toda velocidad. También los clavados o el voleibol, canotaje o el tiro con arco, algunos deportes que solo disfrutamos ver cada Juegos Olímpicos, tienen atletas con historias personales inspiradoras, por su tenacidad, su disciplina y su esfuerzo.

No es casualidad que el medallero guarde los primeros sitios para países con una gran tradición deportiva o con una gran infraestructura para competir. Los atletas, compiten por sí mismos, por su triunfo o su derrota, pero lo hacen con los colores de su bandera en el pecho. Cargan con ellos la ilusión de quienes los vemos, porque quizás buscamos reflejarnos en su éxito o en su esfuerzo. Todos ellos, sin duda, son ganadores por el solo hecho de llegar a los Juegos Olímpicos, tras un largo camino de sacrificios y competencias.

Así, cada cuatro años esperamos que el deporte mexicano nos represente mejor. Cada vez son más los deportistas que asisten, y por ello hoy quiero reflexionar sobre eso, porque creo que de repente esperamos desde la comodidad de ver la televisión un resultado, cuando como país, veremos más medallas cuando todos, hagamos de la cultura deportiva un esfuerzo diferente. Este esfuerzo parte desde las familias, debe cultivarse en las escuelas y promoverse en la educación superior.

Ver a Lupita ganar la medalla de plata en marcha, una mujer mexiquense estudiante y dedicada al deporte, nos debe inspirar a todos, pero también Paola Espinosa, que es una gran atleta; Rommel, Jahir, y también Iván y Duva, que van a la finales mientras escribo esta columna; Alexa, que inadmisiblemente fue atacada, y Aída, juzgada porque no trajo de regreso una medalla. Tengo el gusto de conocer a algunos de ellos, y debo decir que admiro su disciplina y la gran voluntad que tienen; para mí, todos quienes dieron su mayor esfuerzo son grandes ganadores.

Si queremos medallas, tendremos que hacer muchas cosas más para apoyar el talento y tener entrenadores, infraestructura y una cultura deportiva que nos acostumbre a competir y a ganar. Quizás, como dijo el sorprendente Carlos Herrera, quien en los 200 metros planos dio una gran carrera, el problema es que solo nos gusta el futbol.

Felicidades a todos los mexicanos que dieron su máximo esfuerzo. Hay medallas, que no son de metal y son muy importantes en la vida diaria de cada persona.
¡Ustedes ya las tienen!

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