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Lunes , 15.10.2018 / 14:42 Hoy

Ekos

Héroes Anónimos

Javier García Bejos

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No hubo casualidad. Fue un recordatorio. El 19 de septiembre, hace 32 años, se había abierto la tierra, la Ciudad de México se estaba cayendo, pero no se cayó del todo; la detuvieron la fuerza y determinación de los que ese día salieron a la calle sin invitación ni convocatoria alguna. El instinto generoso de los mexicanos, se activó automáticamente ante el sufrimiento de la ciudad; claro, un soldado en cada hijo te dio, y los ciudadanos sin manual, sin instructivos, estaban ahí construyendo la bien escrita leyenda de solidaridad que iniciaba ese día.

Apenas el martes pasado, sí, el mismo 19 de septiembre, no habían pasado ni dos horas del simulacro, cuando el terremoto sacudió todo, absolutamente todo. Ya veníamos de días de réplicas y lluvias azotando el país.Chiapas y Oaxaca se habían adueñado del corazón y no había más tiempo que para pensar sanar esas heridas. Las primeras imágenes, otra vez, nos marcaban; flotaban en el aire, el polvo de la destrucción, sepultaba el grito de quienes no pudieron salir. Nos unió, de pronto, el recuerdo que no nos paralizó, los mexicanos sabíamos qué hacer, no podíamos equivocarnos, simplemente teníamos que ayudar y lo hicimos.

Las redes socialesdocumentaron el fenómeno más noble que puede existir en una comunidad, que es el espíritu colectivo de supervivencia, de no dejar que el otro quede abajo, de no permitir que el que está sufriendo no encuentre un abrazo, una torta, el cargador del celular colgado de una ventana para uso de todos, de no quedarnos viendo y esperando. El presidente Peña Nieto llegó y ya no pararía como lo ha hecho los últimos 15 días; el gobierno debía hacer todo lo que le correspondía y más.

El ejército marchó en las calles aplaudidos por la gente. Los mismos ciudadanos que organizaban las vallas, dirigían el tránsito y abarrotaron centros de acopio. Una vez más, todos éramos uno; todos también, superhéroes anónimos llenos de ganas de ayudar, así, sin más. Lo increíble es ser testigos de la grandeza de lo que hacemos en esos momentos de miedo y dolor, cuando demostramos que verdaderamente hasta nuestra creatividad sirve para sustituir reglas y que la unidad espontánea nos cohesiona cantando el cielito lindo o el himno nacional. No vivimos en un país que no sea reflejo de esas horas, en que los mexicanos hacemos cosas únicas; también podremos reaccionar siempre con esa generosidad, en los días que sale el sol, sin más.

Los días por venir serán muy difíciles, porque hemos recordado lo vulnerable que somos. Serán complejos, porque en muchas comunidades de nuestro país hay familias que lo han perdido todo, porque hay que llorar a los que se fueron y aplaudir a los que ayudaron; serán días que nos permitirán reflexionar que nada puede detener a una nación que quiere levantarse y que el espíritu de los mexicanos y sus héroes anónimos es una demostración única de lo mejor que tenemos como país.

Quizá, el 19 de septiembre sucede de vez en vez, para recordarnos a un alto costo a los mexicanos lo grandes que somos y lo mucho que podemos ser si todos los días tuviéramos las ganas de levantar el puño cerrado, pedir silencio y solo escuchar la respiración de un país que tiene un gran corazón, que late fuerte y no se detiene nunca.

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