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Lunes , 24.09.2018 / 23:09 Hoy

Cuestión Política

#FuerzaMéxico

Marco Antonio García Granados

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El sismo nos despertó a todos. Después de largos minutos, muchos recordamos las imágenes de 1985; el miedo inundaba el subconsciente. A diferencia de entonces, en minutos conocimos que había pasado a través de la televisión y las redes sociales. Teníamos luz y las transmisiones de los medios no se habían suspendido; vino el primer reporte y un terremoto de más de ocho grados con epicentro en las costas de Chiapas nos había sacudido en donde más duele, donde están los más pobres, donde quienes pierden lo pierden todo.

El presidente Peña Nieto se trasladó al CENAPRED de inmediato, y sus instrucciones fueron claras. Debíamos activar protocolos de atención, pero también debíamos atender y coordinar en sitio; las redes comenzaron a darnos una visión que confirmaba que Oaxaca y Chiapas habían sido muy afectados. De entrada, destacó nuestra cultura de protección civil, misma que puso en buen resguardo a la gente. Los ciudadanos entendemos la importancia de atender las instrucciones de las autoridades, sabemos qué hacer cuando tiembla y eso salvó miles de vidas, quizás hasta en los lugares más apartados.

Ya el viernes, me tocó amanecer en Chiapas, donde de inmediato tuvimos una reunión para conocer los incesantes reportes que llegaban. El despliegue inmediato del Plan DN-III rescató a personas atrapadas, movilizó agua y brigadas médicas. En el estado faltaba luz y agua, y los caminos habían incomunicado a algunos poblados, pero la instrucción del presidente era clara: debíamos atender de inmediato las necesidades de 1.5 millones de personas que fueron afectadas en el estado.

En comunidades como Paredón y Villaflores, conocí historias que me conmovieron. Cuando me senté en la orilla de una banqueta, un niño me dijo que seguía muy asustado, ya que llevábamos más de dos mil réplicas. Su casa estaba completamente destruida y había perdido su juguete favorito, un balón del América. Escuché también la historia de una niña que fue sepultada por su casa, y al sentir el pesar de quienes se quedan solamente con la ropa que llevan puesta, me di cuenta que a pesar de tanto dolor, las comunidades no se doblan.

Los días avanzaron, y la presencia del gobierno, sin precedentes, era mayor con el paso de las horas. En Tuxtla estábamos todos; Sedesol, IMSS, ISSSTE, INFONAVIT, Conagua, SEDATU, SEP, Cultura y el INAH, entre otros. Juntos, en el transcurso de 48 horas, levantamos el censo como pidió el presidente. En un hecho insólito, más de siete mil funcionarios nos desplegamos para recorrer 14 mil comunidades y visitar 45 mil viviendas. Cientos de toneladas de comida y miles de litros de agua y leche fluyeron por las zonas afectadas, se instalaron albergues y Comedores Comunitarios, y al final, la acción del gobierno funcionó para atender a los afectados, que es lo que la gente espera cuando hay una tragedia.

Hay que reconocer que, en medio del dolor, los soldados que son pueblo tienden la mano a los suyos. Nunca dejará de sorprenderme su capacidad de organización, su vocación de servicio, la seriedad de su compromiso; ellos siempre están y en este episodio los vi en cada comunidad.

Ya el viernes, el presidente visitó Cintalapa, donde adelantó el Grito y caminó con la gente. Constató que sus instrucciones se habían cumplido; no había epidemias ni poblados aislados, no faltaban doctores u hospitales, la luz se restableció en un 99% y el agua en un 90%. El secretario Miranda le explicó que Sedesol había desplegado toda su capacidad, ya que con Diconsa, Liconsa y más de 9 mil voluntarias de comedores, se pudieron servir más de 100 mil raciones y tener listas 10 mil despensas diariamente. El presidente revisó después su segunda instrucción, el censo; habíamos logrado censar el 96% de las viviendas afectadas, con un despliegue impresionante que llegó a 14 mil comunidades.

Sabemos que tenemos un reto para restituir el hogar de miles de familias, pero también, que Chiapas está de pie. Pasamos de 1.5 millones de afectados a 200 mil, gracias a la entrega de todos y las ganas de salir adelante de los chiapanecos. Al final, hay que decir que la solidaridad de los mexicanos en los momentos de dolor es motivo de orgullo; el sismo nos despertó a todos, despertó conciencias, y nos enseñó lo que los mexicanos podemos hacer cuando estamos unidos.

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