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Ekos

De encuestas y votos

Javier García Bejos

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Las encuestas son un producto de consumo masivo en épocas electorales. Pronosticar el comportamiento de los ciudadanos que van a elegir a sus gobernantes en todo el mundo, constituye un ejercicio que es parte del ecosistema democrático. En él, la incertidumbre del resultado es bien sustituida por estos ejercicios que, a últimas fechas, han sido analizados con detenimiento y cuyas cifras a veces resultaron sorprendentes, dados los números reales de las

votaciones. Así, siguiendo los procesos electorales de los países en los últimos años, observamos que la primera derrota de la democracia moderna se la han llevado las encuestas.

El modelo estadístico productivo que pretende ilustrar tendencias y cambios, se ha topado con pared: el ciudadano valora tanto la decisión que tomará que espera hasta el último momento, y ahí, en la intimidad de la urna, decide quién debe llevar las riendas de una ciudad o un país. Como ejemplo, recuerdo bien las encuestas y probabilidades en noviembre de 2016, cuando las apuestas y la opinión pública casi hacían tomar protesta adelantada a Hillary; lo mismo pasó con el Brexit; hace dos meses en Costa Rica y el fin de semana pasado en Colombia, en la primera vuelta de la elección presidencial.

La realidad es que hoy las encuestas son parte de la estrategia de las campañas, y así deben ser tomadas; generan percepciones e ilustran momentos, pero no pueden predecir resultados. A cuatro semanas de las elecciones en México, vienen los últimos esfuerzos de los distintos equipos, que habrán de cruzarse con la fiebre del Mundial de fútbol. Unos días antes del primero de julio, vendrá un periodo de silencio; nadie podrá seguir haciendo campaña, y entonces ahí, los ciudadanos encontrarán espacio para valorar y evaluar, para reflexionar su voto.

Como nunca antes, los ciudadanos podemos acceder a diversas fuentes de información, más allá de los mítines y los sonoros espectáculos mediáticos a los que somos sometidos. Afortunadamente, con tantos documentos y mensajes disponibles, lo que cuenta no son las encuestas, son las propuestas; de nada vale especular sobre el resultado y luego votar. Los electores contamos con un poder fundamental el 1° de julio, y ese poder de decisión no está siendo claramente ilustrado por los ejercicios de las encuestas. Si uno de cada tres ciudadanos sigue indeciso, sin lugar a dudas el resultado final se conocerá hasta que se cuenten los votos.

Vale la pena entonces, construir expectativas en torno al proceso analizando y valorando con toda la información disponible, dejando atrás el espectáculo electoral, discutiendo constructivamente, abandonando el encono y pensando que aquí vivimos todos y que el 2 de julio tendremos que seguir adelante. Sin embargo, al razonar las cosas hay que tener claro que, como ha pasado últimamente en el mundo, si hay una decisión que al parecer tomamos de última hora es precisamente el voto. Por ende, dejémonos de tanta encuesta y pongámonos a hacer nuestro trabajo: tomar buenas decisiones.

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