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Política cero

No se despisten aunque se hagan bolas

Jairo Calixto Albarrán

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¿Qué es más naco, según la lógica y la ética de los almacenes Soriana: comprar una pantalla de 10 pesos en un descuento equívoco del Buen Fin o ser la dueña del colegio Rébsamen, andar huyendo como Gloria Trevi en sus buenos tiempos, mandar a un chofer disfrazado para hurgar en los escombros para encontrar quién sabe qué oscuros papeles —quizá el título de propiedad de sus preciados jacuzzis– y luego buscar amparo para que no le apliquen la extensión de dominio a su terrenito —la pobre cree que poniendo otra escuela en ese mismo lugar la gente acudirá a raudales y veloz a inscribir a sus hijos?

Yo digo que bajo la lupa del pensamiento más moral posible, en este caso lo verdaderamente naco es amagar con rescindirles el contrato a los empleados que se equivocaron al anunciar esas televisiones a 10 varos, desatando la ansiedad de la clientela que, al fin, se encontraba con una verdadera oferta del Buen Fin y no esos simulacros de teleofertones que nada más te convierten en carne del buró de crédito.

Ya lo único que falta es que con los míseros salarios mínimos que les pagan a sus trabajadores, los de Soriana todavía les quieran cobrar las pantallas.

Bueno, a lo mejor la gente que le entró a la rapiña en realidad estaba muy excitada por los grandes aumentos al salario mínimo; o por la salida del nuevo engendro de Charly Salinas, donde explica con la ansiedad de un zeta frente al penal de Piedras Negras que él fue el héroe de la película del TLC; o estaban muy conmovidos por la colección de panegíricos sin filípica incluida que le recetó el canciller Videgaray al pobre doctor Meade, que ya quería levantar una demanda por acoso.

Lo que luego estuvo feo es que don Luis se desdijera alegando que sus elogios no eran un destape ni nada de eso. O sea, mala onda. Ya hasta el Licenciado Peña dijo que no se despisten, que no se hagan bolas, que su partido no destapará al tapado por la vía del elogio ni el aplauso. Claro, como todos sabemos, en el PRI organizan sus extraños ritos de apareamiento en nombre del dios del Dedazo.

Algo que solo se puede comparar con el Banxico, que, nada más echándose Carstens el último sope de suaperro, luego luego salieron con la jalada de que un altísimo porcentaje de los empleos que tanto presumió el gobierno del empleo, en realidad son trabajos furris.

Si Carstens no dejó pasar un salario mínimo más alto, menos hubiera dejado pasar ese bullying.

No se despisten ni se hagan bolas.

jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto

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