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Política cero

El ‘dedazo’ no ha muerto

Jairo Calixto Albarrán

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Me duele, me escuece, que el dedazo, una institución histórica e icónica del partido tricolor que nos ha dado rumbo y certidumbre, tanto o más que el legendario tapado del que el maese Rius Frius configuró toda una genealogía, haya sido brutalmente asesinado. Era tan viril (la connotación alburera así lo exige, diría Paco Jémez, técnico que primero mienta madres y luego cruzazulea) y tan práctico y pragmático (mil cabezas no pueden pensar mejor que la del señor presidente en turno), pero sobre todo ahorrativo (para qué gastar en faramallas seudodemocráticas lo que se puede arreglar con un índice benefactor).

Después de la Asamblea del PRI, donde ajenos a su costumbre y a través de la morigerada y humilde voz de Clavillazo, se anunció el carro completo (algo nunca visto desde que el verdadero nuevo PRI sustituyó al nuevo viejo PRI que había tomado el lugar del antiguo PRI que será dinosáurico o no será), también se acabó por enésima vez con el dedazo, figura venerable y dulce que tantas alegrías le ha proporcionado a los mexicanos. Gracias al dedazo hemos podido gozar de personajes como Díaz Ordaz, don Luigi Echeverría, el gran López Porpillo que era responsable del timón pero no de la tormenta, el gris oxford de Miguel de la Madrid, Charly y su fábrica de Salinas descompuestos y el inolvidable Zedillo que no traía cash.

Sin dedazo se nos muere el faro en la tormenta, pero lo bueno es que el licenciado Peña inauguró esta nueva etapa nunca antes vivida por el PRIcámbrico temprano —porque nunca antes se había anunciado la muerte del dedazo ni de las prácticas antidemocráticas al interior del revolucionario-ins como diría el Valedor, Tomás Mojarro—, con un discurso que hablaba de los soldados del amor priista en esta guerra entre Meade y Chong, donde cada noche alguien cae herido por algún caso de corrupción.

Era tan marcial el rollo, que pensé que hablaba Calderón.

Como sea, fue algo totalmente inesperado, pero plausible, que don Enrique dejara en claro que sin PRI no hay futuro, no hay patria ni mucho menos tarjetas Monex. Algo que quedó certificado en el discurso del 25 aniversario de Sedesol, una portentosa invención electoral tricol, que va a multiplicar sus esfuerzos, casualmente hacia el 2018. Fíjate qué suave.

Y ya en homenaje discursivo a lo Julión, el jefe del Ejecutivo explicó que Sedesol apoya poniendo piso parejo a esos muy pocos mexicanos que no son de clase media alta.

Cierto. Nuestros compatriotas deberían de aspirar a ser como Emilio Lozoya, quien con toda virilidad y en el mejor estilo de los Duarte-Borge-Yarrington-Moreira, ante las acusaciones de O Globo de haber recibido 10 millones de dólares de cochupos por abrirle cancha a Odebrecht, respondió como Rafa Márquez, al ritmo de Lupita Dalessio: “Mentiras, tú me enamoraste a base de mentiras”.

El dedazo no ha muerto, vive en el corazón de los choznos de don Plutarco.

jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto

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