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Viernes , 20.07.2018 / 06:14 Hoy

Política cero

El autogobierno nos quiere gobernar

Jairo Calixto Albarrán

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¿Y nosotros le seguimos la corriente?

Después de ver las orgifiestas que se organizan en la cárcel de Puente Grande, que está situada en una loma, ahí donde el Lencho rige, reparte, administra y organiza a la salud del Cártel Jalisco Nueva Generación, y descubrir que se está mejor dentro que afuera, ya no me siento tan mal cuando, eventualmente, cada chorro mil años, meten a un maleante o algún político medianamente ratero al tambo.

De hecho, me imagino a Javidú en Guatemala chapoteando como hipopotamito en unas sórdidas bacanales pagadas por el pueblo veracruzano, al que dejó en la chilla, en espera de que le caiga la lluvia de amparos a la que tiene derecho.

Digo, como suele ocurrir, alegará que se atentó contra el debido proceso y con un par de chicanas jurídicas podrá salir libre de polvo y paja. Tal y como puede ocurrir en el caso de los 43 de Ayotzinapa que, gracias a los abusos y costumbres de Tomás Zembrón y sus muchaches, según ha derivado de una nueva investigación, le pusieron en la torre a todos los protocolos (hasta a los del Proctólogo de Kioto).

Y es que por culpa del Chapo, que era todo un quejumbres borrascosas y de todo la hacía de jamón, uno la verdad creía que la estancia de los grandes capos en los centros penitenciarios era una verdadera pesadilla y que todos ahí sufrían lo indecible, casi como JC Chávez Jr bajo los puños del Canelo.

Es bueno saber que a pesar de su deuda con la sociedad que los orilló a su mal comportamiento, los capos pueden tener momentos de alegría y buen humor en un ambiente de escuela Montessori. Digo, no es la primera vez que las cárceles estatales se convierten en antros, teibols y cantinas (lo vimos con las fiestas taurinas en San José El Alto, Querétaro; en la cárcel de Aguaruto, en Culiacán, donde el Azulito se la pasaba bomba; Topo Chico, infierno grande, donde los Zetas tenían su rincón brujo), pero es bueno confirmar que con esta clase de apertura democrática de las autoridades —que, por supuesto, no tienen nada que ver con el cochupo, el maiceo ni el evidente descuartizamiento de la institucionalidad y el Estado de Derecho, que está más chueco que nunca—, aquellos que conforman ese concepto denominado “carne de presidio” pueden encontrar espacios para la recreación y la música de pegue.

Formatos y protocolos novedosos que superan por mucho al modelo venezolano, que solo somete a los presos a una rutina vigoréxica que los deja tan mamados como a Leopoldo López.

Ya me imagino la clase de megarreventones que podrán organizar sus huachicoleros de confianza cuando en ese estado balín llamado Puebla (bonita herencia de Moreno Valle que ni Lozano puede tapar con su lépero show de berrinches y mentadas), sean metidos en el tambo local. Será exquisito.

Mientras la autoridad se haga como tío Lolo, que subsidie las cárceles el autogobierno que nos quiere gobernar.

jairo.calixto@milenio.com

www.twitter.com/jairocalixto

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