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Sábado , 15.12.2018 / 13:08 Hoy

Política cero

‘Don Socavón’ es misterioso, es embustero

Jairo Calixto Albarrán

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Todo por culpa de la maldita Ley Kingpin (“¡ahhh, kiiinnngpín!”, diría el gran Benito Castro encarnando al kafkapúlquico lanchero Kinkín), que obliga a los gobiernos abajofirmantes a seguir los lineamientos impuestos por el gobierno de Estados Unidos contra alguien que esté siendo investigado por lavado de dinero y esas cosas propias de los maleantes de cuello blanco, al pobrecito Julión Álvarez ya le quitaron su visa, le hicieron perder contratos, lo bajaron de YouTube, de Spotify, del YouPorn y ahora hasta los de Televisa, temerosos de los arrebatos del Departamento del Tesoro, lo sacaron de un programa que casi ni abusa de los chamacos, La voz kids.

O sea, lo único bueno de este abuso de autoridad contra quien el licenciado Peña ha denominado como “un ejemplo para la juventud”, es que el señor Álvarez tiene más tiempo libre para acabar la primaria y no ser como el secre de Educación, El Nuño Artillero, que groseramente confundiera a la distinguida y admirable astrónoma Julieta Fierro con una astróloga. Y así, de paso, ser un ejemplo para Catémoc Blanco, quien después de los cambios en la Tremenda Corte, que nomás anda quitando candados como en el PRI, ya puede aspirar a ser góber de Morelos y acabar la obra destructiva del nada grato de Graco, además de estar disponible para atender los llamados de la justicia yanqui.

Acá el error del Julión fue no tener un abogado rudísimo como el de Lozoya, y disponer de una lógica discursiva como la de Don Socavón (“es embustero, Don Socavón, aventurero, Don Socavón, es misterioso, Don Socavón, maestro de amor”, cantaría Lucía Méndez), Gerardo Ruiz Esparza, el héroe del Paso Express, que ya no es ni paso ni es express. El secre, con tal de no perder la chamba, se aventó un numerazo como de Mujer, casos de la vida real, estilo Silvia Pinal, donde todos tienen la culpa menos él. Y no solo eso, el melodrama lopezportillista fue tal que se aventó todo un speech sobre por qué no deberían de sacrificarlo institucionalmente, pues era el capitán de un barco haciendo agua y demás mafufadas.

En la audiencia en la Cámara de Senadores todos lloraban. Sobre todo cuando dijo que estaban apoyando a la familia de las víctimas y la realidad comenzó a refutarlo. Fue hermoso.

Julión también podría quitarse la presión a través del método Javidú Duarte que, al ver que todos hacían memes a sus costillas por su muy salinista huelga de hambre, optó por reforzar su cortina de humo acusando a Yunes, de manera muy foxista, no solo de ser un dictador peor que Maduro, sino de tener una amante bandida que, como las del ex gobernador, le entraban a la especulación inmobiliaria en su nombre. Estos muchachos son unos loquillos.

Ya nada más le faltó irse por la jerga y ponerse a trapear al ritmo de una de las canciones favoritas de Julión, que ya solo se puede escuchar por La charrita del cuadrante: “Me da vergüenza”.

jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto

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