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Jueves , 18.10.2018 / 23:58 Hoy

Política cero

Bantú, "Javidú" y los extraterrestres

Jairo Calixto Albarrán

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Ya salió el peine sobre la muerte del gorila Bantú (para ser México fue asombrosamente veloz el proceso de investigación de la Comisión de Derechos Humanos de la CDMX —para que vean que los derechos humanos son de los humanos y de los simios también—, tanto que ese equipo debería ser empoderado en una PGR que no encontraría ni al asesino de Trotsky, ni aunque trajera el piolet en una mano y La revolución permanente en el otro): aún a sabiendas de que el pobre muchacho padecía problemas cardiacos, decidieron dormirlo para su traslado a Guadalajara, donde se suponía que ejercitaría sus ritos de apareamiento con Checha y Faustina, y el resultado es el que todos conocemos, que lo durmieron para siempre y luego lo descuartizaron de manera harto salvaje cuando se le practicó la autopsia y quedó como si se hubiera ido de vacaciones a Michoacán. Esa tierra idílica donde según declara el góber Chiflano Aureoles cada vez que hay una nueva y nutrida matazón, no hay grupos criminales preponderantes como en otros tiempos, ahora todos tienen su coto de manera incluyente y democrática para que no se pongan heavy metal.

Ojalá Bantú tuviera quien lo defendiera como Aureoles Conejo defiende el estado de derecho. O sea, si le iba a pasar todo eso, mejor le hubieran dado el puesto de alcalde que en México es igual de peligroso que ser animalito en el Zoológico de Chapultepec, y un poco más divertido que todo lo que tuvo que experimentar el pobre, que por poco termina en el basurero de Cocula.

Mejor lo hubieran mandado a Pungarabato.

Los alcaldes de la patria ya están tan ciscados que en vez de pedir protección del gobierno federal —que siempre llega tarde pero con sueño— mejor están pidiendo que se les otorgue un seguro de vida, pero con fondos.

Y es curioso: el único al que está medio apoyando su partido, el PT (el PRD lo rechazó por no se sabe qué curiosa intuición), es Juan Carlos Arrey, de Álvaro Obregón, Michoacán, acusado de haber mandado matar a diez personas cual si fuera émulo de los Abarca de la Parca.

Ya se sabe, pueblo chico infierno grande.

Como quiera que sea, dice Javidú, el góber que ya se llevó entre las patas a los Tiburones rojos de Veracruz, que lo único que le falta es que lo investiguen los extraterrestres. Lo dudo, estos no abducen a Alien como él, pero si se les hubiera avisado a tiempo, se hubieran llevado a Bantú para que no sufriera.

Aunque todavía están a tiempo de llevarse a Citlali, la pequeña de 13 años violada en Sonora, donde las autoridades no le permiten abortar por una serie de decimonónicas leyes que parecen haber sido redactadas por la Arquidiócesis que atinadamente dirige don Norbeto.

E.T. Phone home.

jairo.calixto@milenio.com

www.twitter.com/jairocalixto

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