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Desde el biopoder

Gobiernos colegiados, el inicio del poder ejecutivo en México

Jaime Zambrano

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La historia tradicional indica que México nació y creció como un país basado en un sistema presidencialista, es decir, en un gobierno centrado en un ejecutivo unitario, en una persona muchas veces mitificada o con poderes supraterrenales.

En la realidad, México intentó en al menos tres momentos de su historia, gobiernos colegiados, es decir, de más de una persona. Dos regencias y un triunvirato fungieron entre 1821 y 1824 en el país, justo en los momentos en que la nación se constituía como independiente.

México no nació como un sistema presidencialista basado en un individuo, por el contrario, apareció una dirigencia colegiada en el poder ejecutivo del país.

Se denomina triunvirato a una forma de gobierno formada por tres personas, ejercicio que existió a pesar de que no lo reconozca la “historia oficial mexicana”. A la par hubo gobiernos colegiados de cinco personas.

Enrique Krause habla de caudillos mexicanos con algo más que el mero carisma: un halo religioso, ligado en ocasiones al providencialismo, otras a la idolatría, a veces a la teocracia. En tanto, Jorge Carpizo defiende un sistema presidencial y establece su nacimiento en la Constitución de 1824, a la que califica como la primera Constitución Mexicana, sin tomar en cuenta las Cortes de Cádiz y sin hacer referencia al primer constituyente de México que fungió de 1822 a 1823.

La historia oficial marca a México como un país presidencialista y con un pasado de caos y dificultades tras el inicio de la independencia, sin embargo, las Actas Constitucionales de 1821 a 1824, revelan que el país no siempre fue presidencialista.

En el siglo XIX, México tuvo gobiernos colegiados, ejecutivos que no fueron unitarios y que se caracterizaron por estar formados por tres o más personas.

El investigador Stuart Mill establece que las instituciones políticas son obra de los hombres, que deben su origen y toda su existencia a la voluntad humana. Así que México, con voluntad, podría retomar la discusión de un gobierno colegiado en el que participen tres o más personas en el ejecutivo.

A dos siglos del funcionamiento de los gobiernos colegiados del México en el proceso de independencia, vale la pena preguntarse ¿Por qué no pensar en un México con un triunvirato, con una regencia que guíe los destinos del país? ¿Por qué no pensar en un gobierno que tome decisiones colegiadas?

jaime.zambrano@milenio.com

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