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Moneyball

Un sorteo manchado

Jaime Rascón

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Rusia, la sede del próximo Mundial, se encuentra metida en varios temas complicados a escala global. La intervención en la elección estadunidense ya ha sido demostrada y solo falta saber el grado de involucramiento; incluso, si llegó hasta Trump.

En el futbol, el comportamiento de ayer de los ultras del Spartak de Moscú fue lamentable; si bien es cierto que el policía murió de un infarto y no por una agresión, también es cierto que el historial de violencia ruso alrededor del futbol es alarmante de cara al Mundial que se celebrará ahí en poco más de tres meses.

Preocupa que esta nueva plaga soviética que mancha el futbol europeo vaya en aumento. Hace unos días, los ultras del Spartak agredieron al dependiente de una tienda en Vitoria, en fase de grupos de Champions, insultaron a jugadores de raza negra del Liverpool con cánticos racistas y también acosaron a los juveniles del Sevilla.

Además, intentaron dar portazo en el Sánchez Pizjuán al no tener boletos para el partido. La falta de entradas para los visitantes fue una sanción de la misma UEFA después de la batalla campal contra los hinchas del otro rival de grupo: el Maribor Esloveno. Partido que se tuvo que suspender a los 15 minutos por el lanzamiento de bengalas al campo de juego.

¿Se imaginan un Mundial con bengalas? Se escucha descabellado y el partido se celebró en Eslovenia, pero ahí queda la duda.

Afortunadamente, el Spartak quedó eliminado ayer por los leones vascos; sin embargo, aún quedan otros dos cuadros moscovitas y un total de tres equipos rusos para el sorteo de hoy. Los posibles cruces incrementarán la incertidumbre de cara al Mundial en lo que resta de la Europa League.

Luego de los tres incidentes del Spartak previos a Bilbao, la UEFA solo ha puesto multas simbólicas al equipo moscovita y ha hecho cierres parciales de apenas 500 butacas. Es posible que la UEFA no haya querido empeorar la situación de cara a la Copa del Mundo, como también es muy probable que no haya querido afectar la imagen de uno de sus principales patrocinadores: la empresa rusa de gas natural Gazprom.

Habrá que ver la sanción que impone en esta ocasión después de lo ocurrido en San Mamés, considerando que en esta ocasión sí hubo un muerto y una posible escalada en la violencia si CSKA, Lokomotiv y Zenit siguen avanzando en el torneo.

Además, con el Mundial a la vuelta de la esquina, no debemos olvidar el antecedente en la Eurocopa de 2016 ante hooligans.

Es cierto que para pelear se necesitan dos y aún quedan ciertos rastros de un hooliganismo casi erradicado en Inglaterra; a raíz de las tragedias de Heysel y Hillsborough.

Habiendo estudiado en Liverpool, pude constatar en persona como los aficionados encuentran identidad en los escudos de sus equipos y también cómo canalizan esa pasión intensamente en acciones que resultan cuestionables.

En alguna ocasión, incluso, la policía inglesa en Stamford Bridge me recomendó salir del estadio, esto tras ser golpeado por la espalda debido a un sutil puño cerrado después de un gol de Samuel Eto’o, anotación que reveló había estado infiltrado en la porra del Chelsea, al haber comprado un boleto en la reventa.

Si quieren entender más de este tema, les recomiendo ver Football Factory. Hooligans o Green Street, por su nombre en inglés, es una buena versión americana; sin embargo, no alcanza la intensidad con la que Football Factory relata esta triste manera de usar el futbol como pretexto para la violencia.

En Inglaterra prácticamente se erradicó ese cáncer que resulta de la pasión canalizada de forma errónea; sin embargo, en Rusia lo tomaron como inspiración y por ello hoy debe ser un foco rojo como sede del próximo Mundial para la UEFA; órgano rector que no ha impuesto sanciones ejemplares.

El grupo de los soviéticos no parece de alto riesgo, como tampoco lo sería enfrentar a España o Portugal en la segunda fase, pero a partir de ahí habrá que estar muy atentos a los enfrentamientos que la llave pueda traer.

Ayer en Bilbao muchos aficionados se quedaron en casa debido a la situación de alerta por ultras xenófobos, de ultraderecha, lo cuales practican artes marciales y graban sus entrenamientos para YouTube; sería interesante cuantificar el impacto económico en entradas y esquilmos no vendidos en San Mamés por la gente que se quedó en casa.

Como padre, lamento que el balompié mantenga este riesgo, especialmente después de ver cómo acabaron con ese cáncer en Reino Unido y el caso de éxito de la Premier que le siguió. Por ello espero que esta corriente rusa no se extienda a otras latitudes, tal como pasó en nuestro país, cuando se adoptaron prácticas radicales prevalecientes en Sudamérica como moda y como forma bastante cuestionable de entender el futbol.

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