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Sábado , 23.06.2018 / 03:57 Hoy

Moneyball

Final de alta tensión

Jaime Rascón

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Con la victoria de ayer ante el Valencia, el FC Barcelona disputará su quinta Final consecutiva de Copa del Rey y buscará su trigésimo título de la competición.

El máximo ganador de la Copa de “Su Majestad el Rey” disputará la Final el próximo sábado 21 de abril, muy probablemente en el estadio del Atlético de Madrid.

En la capital española, los blaugranas representarán al Ejército no armado de Cataluña, tal como lo definía Sir Bobby Robson.

Esta Final tendrá un sabor muy especial para los catalanes. No tanto por el trofeo, sino por lo que significaría ganarlo en Madrid y recibir la Copa de Felipe VI.

Esto después del discurso del pasado 3 de octubre, cuando “Su Majestad el Rey” condenaba la independencia catalana.

Felipe VI afirmaba que todos los españoles pueden decidir democráticamente su vida en común; sin embargo, el 21 de diciembre en una votación aprobada por el gobierno central, la mayoría de los catalanes volvió a decantarse por los partidos a favor de la independencia.

El golpeo sistemático de Mariano Rajoy a Cataluña ha provocado un profundo descontento entre los catalanes, por ello, la mayoría independentista elegida democráticamente en el parlamento, ha decidido que el presidente que declaró la independencia el 27 de octubre, Carles Puigdemont, vuelva a encabezar el gobierno en Cataluña.

Los catalanes ya decidieron democráticamente que no quieren ser parte de España; sin embargo, Mariano Rajoy y Felipe VI parecen no dejarles “decidir democráticamente su vida en común”.

Esta tensión geopolítica hará de la Final un partido de alto voltaje. Si bien el Barça ha querido mantenerse al margen de la situación, es muy probable que en las tribunas del estadio madrileño ondeé la senyera estelada ( bandera independentista de Cataluña ).

A uno de los jugadores blaugranas más emblemáticos, Gerard Pique, lo persiguen hasta por mandar a callar al sector más de derecha de Barcelona: los aficionados al Espanyol. Ni hablar de cómo acosaron a Messi y su padre por cuestiones fiscales. Un trato grosero hacia el astro argentino, más cuando se compara con el que recibió Cristiano Ronaldo por un tema similar.

Y si de comparaciones se trata, al ex presidente Sandro Rosell lo tienen encarcelado desde hace casi nueve meses como auténtico preso político. Mientras que el ex mandatario de la Real Federación Española de Futbol, Ángel María Villar, estuvo preso por tan solo 12 días.

Las diferencias son terribles. A Rosell lo tienen encerrado por un presunto delito de 15 millones de euros; en el cual la supuesta parte afectada, la Confederación Brasileña de Futbol, ha comunicado que no se siente perjudicada. El grupo saudí implicado también ha negado cualquier afectación.

Sin partes dañadas, al ex presidente blaugrana le han incautado 35 millones de euros de su patrimonio, más del doble que la supuesta infracción; cifrada en 15 millones de euros.

En contraste, Villar está libre a pesar de los cuestionamientos por subvenciones recibidas en el caso Haití (dinero público y no privado como en el caso Rosell), los oscuros amistosos de la selección española organizados por su hijo Gorka y el retraso de elecciones en la federación, entre otros.

Villar pagó una fianza y salió de prisión en menos de 15 días, mientras que a Rosell le han negado esa posibilidad en múltiples ocasiones. La juez argumenta riesgo de fuga. ¿Cómo se va a fugar alguien en libertad condicional, cuando le tienen incautado más del doble de dinero que por el que se le juzga?

La inquisición madrileña ha creado una situación insostenible con Cataluña, al grado de martirizar a sus personajes más emblemáticos: Puigdemont, Rosell, Messi, etcétera. Si Josep Guardiola siguiera en el banquillo blaugrana, probablemente también hubieran ido detrás de otro icono de la herejía catalana.

Esta tensión trascenderá a la final de abril. Un torneo que resulta irónico, ya que el Barça toma más en serio la Copa de “Su Majestad el Rey”, que su eterno rival Real de la capital española.

Ironía llevado al máximo si se recuerda que de 1940 a 1976, la Copa llevó el nombre del Generalísimo Francisco Franco (enemigo público número uno en Cataluña). En ese periodo los blaugranas ganaron nueve títulos, siete de ellos en finales celebradas en Madrid.

Recibir el trofeo de un dictador con predilección merengue implicaba cierta revancha para los catalanes.

Si el Barcelona es campeón en esta edición, estoy seguro que también será una sensación dulce para una Cataluña harta de Mariano Rajoy y de una monarquía desacreditada con el caso Nóos (en el cual se vio implicada y revocada de su cargo la hermana del Rey).

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