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Domingo , 27.05.2018 / 03:04 Hoy

Ruta norte

Presentar el ansia urgente

Jaime Muñoz Vargas

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Mañana domingo a las seis de la tarde en el Museo Arocena presentaré Decir el ansia urgente, selección de la poesía escrita por Fernando Martínez Sánchez, libro que armé y prologué. Me acompañarán los poetas Manuel Becerra y Édgar Valencia, esto en una mesa inscrita en el marco del Encuentro Internacional de Poesía Manuel Acuña 2014 dedicado este año a Efraín Huerta. A continuación, los primeros párrafos de mi prólogo:


El vago azar o las precisas leyes que rigen este sueño, el universo, me permitieron gozar la generosa y festiva amistad de Fernando Martínez Sánchez (Torreón, Coahuila, 21 de septiembre de 1936-10 de enero de 2014). Pese a la diferencia de nuestras edades (soy del 64), mi relación con Fer, como siempre le dije, duró casi 25 años, poco más o poco menos. Como muchos en La Laguna, lo conocí en alguna actividad cultural de las muchísimas que aquí organizó, esto a finales de los ochenta o principios de los noventa. Ya entonces él radicaba totalmente en La Laguna luego de su larga estancia en la capital del país, donde egresó por la UNAM de contaduría pública.


Las anécdotas que puedo contar luego de mi convivencia con Fernando son numerosas. Casi todas ocurrieron en Torreón, pero por razones de trabajo literario algunas se dieron en Saltillo y el D.F. Fernando fue siempre un tipo incansable, un hiperactivo de ésos a los que nunca les ajusta el día para despachar las mil y una actividades en las que se involucran. Jamás, pues, lo vi quieto, o sólo dos veces: cuatro meses antes de su muerte, cuando por el deterioro de su salud debía mantenerse sentado, y la otra justo un día antes de su partida, cuando ya estaba inconsciente en una cama de hospital. Pude, pues, despedirme de este querido amigo, tocar su mano pálida e inmóvil, verlo vivo por última vez luego de muchísimas conversaciones y carcajadas.


Nunca dejó de asombrarme su vitalidad. Yo tenía poco más de veinte años cuando trabamos nuestros primeros diálogos. Recuerdo que aquellos acercamientos iniciales de Fernando se debieron al gustoso asombro que le provocó la irrupción del grupo literario Botella al Mar, en el que participé. Me dijo con estas o parecidas palabras que había notado un timbre especial, fresco y lúcido a la vez, en escritores como Gilberto Prado y Pablo Arredondo. Creo que en ese elogio me incluía, así que pronto nuestro primer contacto derivó en encuentros cada vez más frecuentes y en intercambio de ideas, de libros y proyectos.


Mi amistad con Fernando se extendió a María Caliano, su esposa, y a sus cuatro hijos: Fernando, Gerardo Joel, Mireya y Cristián. Lo extraño de esto es que jamás sentí que entre Fernando y yo hubiera casi treinta años de diferencia. Con su actitud, con su desenfado, con su risa y su ímpetu vital lograba ser un joven de tiempo completo. Era un obseso del trabajo, pero lo era más de los placeres que eligió y nunca dudó en darse a manos llenas, sin límites visibles: los libros, el cine, el teatro, la música, la buena mesa y los viajes. Por ello, Fernando no podía ganar un peso sin que ya estuviera pensando en qué libro, película, teatro, disco, restaurante o destino turístico lo gastaría.


Además de su buena memoria, esta es la razón por la que sus referencias bibliográficas, cinematográficas, teatrales y demás parecían no tener coto, casi como si fuera un internet viviente en las materias de su interés. Las sobremesas con Fernando eran entonces memorables. Si uno, por ejemplo, mencionaba una trama del abundante Simenon, Fernando la conocía y daba minuciosos detalles; si otro recordaba vagamente el nombre de una actriz perdida en los créditos de cualquier film alemán, Fernando mencionaba las películas y los roles en los que participó. Así era, un océano de experiencias artísticas, un gozador empedernido de la creatividad humana.


rutanortelaguna@yahoo.com.mx/@rutanortelaguna/http://rutanortelaguna.blogspot.mx

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