• Regístrate
Estás leyendo: Un cuento de hadas (3/3)
Comparte esta noticia

Columna de Jaime Marín

Un cuento de hadas (3/3)

Jaime Marín

Publicidad
Publicidad

En el capítulo anterior comentamos las pillerías de tres príncipes del reino que saquearon sus respectivas arcas. Si su majestad roba impunemente, nosotros por qué no, dijeron. Debido a esa falaz justificación, el monarca “instruyó” a sus cortesanos que impidieran el blindaje que estos tres delincuentes pretendían para burlar a la justicia. Años atrás el soberano tuvo informes de la burda manera que estos pillos abusaban de su posición para robar, aun así los protegió por convenir a sus intereses.

Mientras ese vergonzoso asunto cundía, en otros principados del sureste del reino, la situación era crítica. Las tribus de “mentores coordinadores” hacían de las suyas bloqueando carreteras y toda clase de tropelías, exigían la derogación de una reforma que los tecnócratas del reino habían implementado dizque para elevar el nivel de educación de la niñez del reino.

El panorama era bastante incómodo para el supremo y su corte. Con sus tozudas acciones, los inconformes le quemaron un prospecto de dos que el monarca tenía reservados para sucederlo. El segundo, de origen oriental, continúa en las mesas de negociación.

Años atrás cuando el monarca era un príncipe cuasi desconocido, los notables de Atracomulco le bajaron el cielo y las estrellas con el argumento de que siendo apuesto y con la Paloma a su diestra, su reinado sería un paseo dominical con música de fondo y todo. Además, tendría el apoyo de los corruptos sindicatos de siempre, los cuales los notables controlaban a base de millonarias movidas chuecas, que practicaron durante los 72 años que los monarcas del mismo blasón abusaron del sufrido pueblo. Todo sería pan comido, le dijeron.

Han transcurrido casi cuatro años desde que su excelsa majestad ocupa el trono, debido a su incompetencia, el reino se le escapa de las manos. Algunos de los ministros y miembros de su corte le han dado la espalda. En el extranjero su imagen está muy devaluada. Las posibilidades de que su designado ocupe el trono cuando él lo abandone son remotas. Hoy, el monarca, rumiando su soledad no encuentra la puerta de escape.

El cuento de hadas se convirtió en una historia de horror para el monarca y para el pueblo.

Moraleja: no basta ser bonito para gobernar un reino.

jaimemarinsr@jmarin.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.