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Sábado , 18.08.2018 / 21:55 Hoy

Columna de Jaime Marín

Percepción

Jaime Marín

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En la clase de sexto año le pregunta la maestra a Jorge Enrique, uno de sus alumnos. – Dime Jorge Enrique, ¿en qué trabaja tu papá? – Me da vergüenza decirlo maestra. - ¿Cómo? ¿Por qué Jorge Enrique? Pregunta la maestra. -Porque cada vez que lo digo la gente se burla de mí, responde Jorge Enrique. -No creo que sea para tanto, agrega la maestra- dínoslo, aquí estamos en confianza. -Bueno, pero no vayan a burlarse, mi papá es diputado. Las risas, unas francas y otras mustias no se hicieron esperar. -Silencio, no hay razón para reírse, exclamó la maestra, mientras trataba de disimular su propia risa. Esa es solo una percepción Jorge Enrique, hay diputados honestos, remató la maestra.

Esto que parece un cuento es realidad. Muchos hijos de diputados y diputadas –como han dado en llamarles en esos nefastos anuncios del Congreso de la Unión- han sido motivo de mofa cuando comentan la actividad de sus progenitores. No es para menos, esta actividad está más que desprestigiada. En contraste, cuando los hijos de bomberos comentan la actividad de sus padres, reciben aplausos.

El 1 de noviembre pasado dio inicio la LXl legislatura de Jalisco, ¿qué podemos esperar de ella? Echamos una mirada y nos encontramos con dos diputados pluri que gozan de merecido desprestigio. Enrique Aubry (PVEM) y Jorge Arana, el pariente (PRI). Ambos fueron diputados en anteriores legislaturas

A Aubry, miembro del más corrupto de los partidos políticos de México, estandarte de la impunidad nacional, lo nombran presidente del congreso local. Vaya, vaya, vaya.

Arana, el segundo personaje, no canta mal las rancheras, durante su reciente mandato como munícipe de Tonalá, se engolosinó con la corrupción y el nepotismo. Dejó al municipio endeudado hasta el cuello y a un elevado número de sus parientes incrustados en la nómina del ayuntamiento.

Con estos dos ejemplares, qué diferencia puede haber entre ésta y las tres legislaturas anteriores que estuvieron saturadas de corrupción.

Volviendo al inicio de esta historia, la maestra pregunta nuevamente a Jorge Enrique. -Y bien Jorge Enrique; ¿es esa tu percepción respecto a los diputados? -No es mi percepción, es un hecho. Con honrosísimas excepciones, los diputados, hombres o mujeres no son confiables, son proclives a la corrupción, no importa su sexo.

La maestra musitó: Tienes razón.

jaimemarinsr@jmarin.com

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