• Regístrate
Estás leyendo: ¿Dónde estábamos?
Comparte esta noticia
Viernes , 21.09.2018 / 01:17 Hoy

Columna de Jaime Marín

¿Dónde estábamos?

Jaime Marín

Publicidad
Publicidad

Desde 1 de julio, un tema cotidiano ha sido el avasallador triunfo de AMLO. Una de sus principales banderas durante su campaña fue: erradicar la corrupción en el gobierno e instituciones públicas en contubernio con las privadas.

¿Dónde estábamos los mexicanos en los últimos 90 años que permitimos que proliferara la corrupción? ¿Somos acaso una sociedad cómplice de esta lacra? Posiblemente muchos de nosotros hemos sido parte de ella, empezando por darle una “mordida” a un agente de tránsito, o por debajo de la mesa ofrecerle una “corta” a un burócrata de una dependencia pública para que no nos complique un trámite.

En el sexenio actual se incrementó desmedidamente esa “afición” tan arraigada en la clase política. El poder judicial no es la excepción; también tiene su historia, Y qué historia.

Es inconcebible el nepotismo incubado en el poder judicial, poder que en teoría existe para velar por la aplicación de las leyes establecidas en nuestra constitución, aunque es bien sabido de jueces y magistrados corruptos.

Un estudio realizado recientemente en 31 estados, elaborado por Felipe Cordero Estada, consejero de la judicatura, lo puso en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad. El estudio detalla que 500 jueces y magistrados tienen en la nómina de la judicatura: hijos, esposas, padres, sobrinos, cuñados, tíos, suegras… ocupando plazas y devengando sueldos en tribunales y juzgados de su adscripción,

¿Dónde estábamos cuando estos jueces y magistrados otorgaban esos “beneficios” a sus parientes y amigos al margen de la ley? Se valen del artículo 97 de la constitución que los faculta a nombrar y remover a los funcionarios y empleados de los Tribunales de Circuito y Juzgados de Distrito.

Tan pronto tome posesión AMLO, debe acabar de una vez por todas con los “privilegios” de estos delincuentes (y delincuentas, diría Fox) de toga y birrete.



Colofón

De acuerdo con el numeral 2 del artículo 21 de la Declaración Universal de los Derechos humanos. “Toda persona tiene derecho de acceso en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país”. Por lo cual el nepotismo, además de ser un acto de corrupción, violenta el derecho humano de acceso a funciones públicas de todos quienes se ven privados de oportunidades para competir por un cargo público.



Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.