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Cambio y Fuera

Potencia petrolera

Jaime Marín

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Corrían los primeros tres meses de 1938. Fue mediante el decreto anunciado el 18 de marzo por el presidente Lázaro Cárdenas, cuando se llevó a cabo la expropiación petrolera. Consistió en la recuperación de nuestros hidrocarburos. Se debió, entre otras causas, al resultado de la Ley de Expropiación expedida en 1936 a las compañías extranjeras que explotaban nuestro petróleo. La expropiación consistió en la incautación legal de todos los bienes muebles e inmuebles de aquellas compañías petroleras, las cuales, constituidas bajo las leyes mexicanas se habían rehusado a acatar el laudo emitido por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, a favor del pago de mejores salarios a los trabajadores de esa industria. El laudo fue ratificado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

A partir de la expropiación, México se perfiló como una potencia petrolera. Teníamos todo para lograrlo. ¿Todo? Bueno, es un decir, porque durante los gobiernos posteriores al de Lázaro Cárdenas, los “pillos oficiales” empezaron el saqueo desmedido. Desde la década de los 50, funcionarios y líderes sindicales hicieron sus enormes fortunas robando a la paraestatal, mal llamada: la empresa de todos los mexicanos, cuando realmente era el costal sin fondo de los burócratas de “elite”.

Durante muchos años se dijo que PEMEX era la caja chica del PRI. Aun antes que AMLO les sacara sus trapitos al sol, sabíamos que no era la caja chica de esta camarilla, sino un tesoro de riqueza incalculable, el cual, merced a su saqueo sistemático, puso al borde de su extinción a la empresa que debió ser el pilar de desarrollo de nuestra nación. Ahora, a recoger los pedazos.

Con Salinas de Gortari los saqueos se incrementaron. Ernesto Zedillo también tuvo su rebanada del pastel.

Fue durante los periodos panistas de Fox y Calderón cuando el guachicoleo se “perfeccionó”. Llegó a su máxima expresión con Peña Nieto. Al inicio del catastrófico desgobierno del mexiquense, existían 635 tomas clandestinas identificadas, Cuando se fue, había más de 10 mil. No obstante que EPN es un analfabeta funcional, para las transas es un mago.

El guachicoleo le cuesta a PEMEX alrededor de 20 mil millones de pesos anuales. Sin embargo, se comprobó que el verdadero saqueo se da en las propias entrañas de PEMEX, con la complicidad de altos directivos y líderes sindicales, incluido el impresentable Romero Deschamps. El hurto descarado durante los últimos tres sexenios es monstruoso. Solo en 2018 este atraco le costó a PEMEX 35 mil millones de pesos (fuente, El Financiero).

Colofón


Aplaudo las acciones que está implementando AMLO para acabar con este cáncer, sin embargo, no coincido con su idea de perdón y olvido para los traidores a la patria. Robar nuestros recursos naturales es atentar contra los intereses nacionales. Existen agravantes comprobados para enjuiciar a estos políticos ladrones. Aun enjuiciándolos y encarcelándolos, el daño es irreparable.



jaimemarinsr@jmarin.com





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