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Jueves , 16.08.2018 / 10:03 Hoy

Radar

Un auditor en campaña

Jaime Barrera Rodríguez

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Hace una semana fue su más reciente acto proselitista. El cuestionado Alonso Godoy Pelayo trató de continuar el lavado de culpas y de su imagen pública en la búsqueda de que lo reelijan, a pesar de los pesares, por tercera ocasión consecutiva como máximo fiscalizador de los recursos públicos en Jalisco.

El viernes pasado, el titular de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), cuyo nombramiento vence en menos de 150 días, convocó por primera vez al megaedificio que construyó en total opacidad y del que se ha negado a comparecer ante los diputados para rendir cuentas de lo gastado, “a la Ceremonia de Entrega del certificado GREAT PLACE TO WORK (…) única Institución Pública del Estado de Jalisco, que ha alcanzado tal Certificación”, se lee con ese uso arbitrario de mayúsculas y minúsculas en la invitación.

Para ello, Godoy contrató a la empresa internacional Great Place to Work Institute México, (obviamente no ha informado cuánto nos costó) para levantar una encuesta en junio pasado entre el personal de la ASEJ y lograr que “se certifique como una de las Mejores Instituciones de Gobierno para Trabajar en México”, según explicaba el propio Godoy, con el mismo uso arbitrario de mayúsculas y minúsculas, en un comunicado interno que firmó seguramente desde lo alto del edificio de la Avenida Niños Héroes 2409, conocido también como el Monumento a la Impunidad, y donde el auditor más caro del país despacha en una lujosa oficina de doble piso, según cuentan los que lo han visitado, y que quedan irritadamente sorprendidos.

Las crónicas periodísticas coincidieron en que Godoy estuvo a punto del sollozo en su emotivo discurso por haber alcanzado esta certificación. Sin duda las macro oficinas influyeron, lo que habrá que ver es qué tanto ayudó también en ese logro el manejo discrecional del presupuesto de la ASEJ que del 2008 al 2016 elevó el rubro de salarios de casi 158 millones de pesos a 265 millones este año, y el de prestaciones y estímulos de 11 a 36 millones. Sin dejar de apuntar también que lo que menos hay en esta nómina son, paradójicamente, auditores. Situación que sí explica la mala calidad de fiscalización que padecemos.

Este acto forma parte de toda una serie de apariciones públicas previas que empieza a hacer el auditor luego de años de ausencia en actos y eventos sociales de interés público, de los que se alejó por el cúmulo de señalamientos de complicidad y corrupción que se hicieron por su desempeño en los más de siete años que lleva en la ASEJ. A esta especie de campaña de legitimación, la acompaña una auditoría light que ordenó la LXI Legislatura sólo al ejercicio 2015, que será toda una simulación, y la prueba más clara que los dirigentes de la clase política y gubernamental actual ya empezaron a operar para intentar imponerlo de nuevo para seguir con el gozo de una fiscalización a modo e impunidad garantizada.

Como he insistido aquí en repetidas ocasiones, un cambio en la vigilancia del gasto público en Jalisco nunca vendrá de los que desde el poder se benefician de esta situación, por ello habrá que apoyar con todo vigor desde la sociedad civil la convocatoria para elegir un nuevo auditor que ya se diseña por distintas organizaciones ciudadanas, para que sea adoptada por los diputados. Viene, pues, la prueba de fuego para la LXI Legislatura naranja. Se salva o se pudre como las últimas cuatro.

jaime.barrera@milenio.com
@jbarrera4

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