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Reabre mariguana el ciclo reformador

Jaime Barrera Rodríguez

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Participé ayer como panelista en el foro Cannabis: Mitos, Avances Científicos y Políticas Públicas, junto con destacados colegas en el cierre de la segunda jornada de este encuentro que organiza la LX Legislatura del Congreso del Estado, y a la que nos convocó el organizador, el diputado local perredista, Enrique Velázquez González, impulsor de la iniciativa de Ley para la Atención Integral al Consumo de Cannabis del Estado de Jalisco, donde se plantea sólo su uso medicinal y no penalizar la portación de hasta 30 gramos de mariguana, que ya analizan los legisladores.

Abrí mis comentarios con el reconocimiento a Velázquez por detonar este debate que se inscribe en la agenda de ampliación de libertades individuales, y de promoción del valor de la tolerancia, que sin duda pueden ser factor para inhibir la crispación social que ha provocado la escalada de violencia ligada al narcotráfico.

La discusión de la despenalización del uso y consumo de la mariguana, añadí, podría reabrir desde Jalisco, el ciclo reformador que desde el gobierno de Enrique Peña Nieto han dado por concluido al lograr lo que desde la perspectiva oficial eran las reformas estructurales que el país requería. Hoy podría ser el inicio del ciclo reformador que se plantea desde la oposición y desde las organizaciones de la sociedad civil, donde además de buscar cambiar de modelos para enfrentar mejor el fenómeno del uso y tráfico de estupefacientes, están también temas como el del combate a la corrupción y la mejora de la fiscalización de los recursos públicos, entre otros.

Después del ejercicio y del intercambio de opiniones con los asistentes, salí más convencido de cuando llegué de que la despenalización del consumo de la mariguana no es la panacea para acabar con el narcotráfico y sus perversos efectos depredadores del tejido social, del Estado, de la economía y de la paz social, pero sí un instrumento que debemos construir y utilizar, junto con otros, para diseñar mejores estrategias para el combate de este flagelo en todos los ámbitos.

Ha quedado claro en los últimos ocho años que las complicidades, corrupción e impunidad que se dieron por décadas entre las autoridades y los principales líderes del narcotráfico en México, no se ha podido erradicar con el solo uso de la fuerza policial y su constante verbalización como en el calderonismo, ni con el desnarcotizado discurso del nuevo régimen de Peña y su apuesta por una mejor coordinación y reestablecimiento del tejido social. Las desigualdades siguen ahí y los jóvenes más pobres siguen siendo carne de cañón de las mafias. Ante las políticas para debilitar su poder corruptor, el crimen organizado ha diversificado sus giros al robo de gasolina, el secuestro y el cobro de cuotas, entre otras actividades ilícitas.

Enhorabuena, pues, por este debate que seguramente aportará elementos para que los jaliscienses participen en la consulta por el sí o el no a la iniciativa de Enrique en septiembre próximo.

jaime.barrera@milenio.com

http://twitter.com/jbarrera4

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