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Jueves , 19.07.2018 / 11:13 Hoy

Radar

México suena a "Juanga"

Jaime Barrera Rodríguez

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Me tocó conocer de cerca las muestras de cariño y casi de veneración de sus fans a Juan Gabriel, fuera del escenario, en marzo de 1996, en la cobertura de los funerales en Mazatlán de Lola Beltrán, una de sus ídolas, y que luego se convertiría junto con Enriqueta Jiménez, La Prieta Linda, en las que más lo apoyaron en los inicios de su carrera, cuando llegó de Ciudad Juárez a la Ciudad de México, en donde cayó preso por un malentendido a la prisión de Lecumberri.

En ese momento, habían pasado ya 25 años de su debut profesional en 1971, y el talento y autenticidad de este michoacano, que falleció sorpresivamente el domingo pasado en California a los 66 años, lo tenían convertido ya en todo un ídolo de la música popular mexicana, del que todos querían un autógrafo aquella mañana en el cortejo fúnebre de Lola La Grande en Sinaloa.

Antes, en 1988 el mejor cronista cultural de México, el extinto Carlos Monsiváis, se había ocupado ya del fenómeno social que representaba el joven Alberto Aguilera Valadez, en su libro Escenas de Pudor y Liviandad, en el que entre otras cosas, destaca la homofobia y todo tipo de prejuicios que tuvo que enfrentar en aquel México de una profunda cultura machista, y cuando nadie hablaba del valor de la tolerancia.

Escribió Monsiváis: “La prensa informa del fenómeno de letras reiterativas y pegajosas y melodías prensiles, y reconoce un filón: el compositor más famoso de México es un joven amanerado a quien se le atribuyen indecibles escándalos, y a cuya fama coadyuvan poderosamente chistes y mofas”.

El autor de “Vamos al Noa-Noa” no sólo le dio la vuelta a esas hostilidades sino que las capitalizó para convertirse en un ícono y uno de los personajes más queridos del pueblo mexicano, homofóbicos incluidos, que también bailan y lloran con sus canciones. Su grandeza es proporcional a la magnitud de las reacciones y la cobertura mediática de su muerte. A ella se ha referido Barack Obama, Enrique Peña Nieto y otros políticos, cantantes, deportistas y sus fans dentro y fuera de México, que han comprado a la fecha más de 100 millones de sus discos.

Desde su fallecimiento México suena a Juan Gabriel como nunca. Curioso que coincida con la intensificación de los sectores más conservadores del País para oponerse a la iniciativa presidencial para que se reconozcan los matrimonios igualitarios. Si bien, el Divo de Juárez habló poco de su orientación sexual, más allá de su lapidaria frase de que “lo que se ve no se pregunta”, y nunca fue un activista de esta causa, para las comunidades lésbico-gays su exitosa trayectoria siempre les ayudó.

Cuentan que en su último concierto el viernes en Los Ángeles, Juanga pareció lanzar un guiño de aliento a la comunidad homosexual al concluir con su frase que está también en los murales en su honor en Ciudad Juárez: “Felicidades a todas las personas que están orgullosas de ser lo que son”.

Como en gran parte de sus intensas presentaciones, vino después toda una ovación. Fue la última que escuchó. Aunque hoy él se escucha en todo México.

twitter: @jbarrera4

jaime.barrera@milenio.com

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