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Lunes , 18.06.2018 / 03:47 Hoy

Radar

Luces y sombras de la Legislatura LX

Jaime Barrera Rodríguez

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Poder hacer un balance de lo blanco y lo negro es sin duda un avance en el trabajo de reconstrucción del prestigio y la confianza del Poder Legislativo, que por el desempeño opaco y corrupto, en particular de las dos pasadas Legislaturas, ha colocado a la figura del diputado como la peor calificada por los jaliscienses.

En general, considero que la Legislatura LX, que termina pasado mañana, logró progresos para poner fin al desorden administrativo y los excesos que les heredó la LIX.

Otro de los logros fue el desarrollo de una pertinente y oportuna agenda legislativa, aunque siempre evadieron el debate por una nueva Ley de Fiscalización, con lo que incumplieron su principal promesa de cambiar la historia de impunidad y corrupción que se genera desde el Congreso por el fracasado y viciado modelo de revisión del gasto público que hay en Jalisco en contubernio con la Auditoría Superior del Estado (ASEJ).

Ese fue el tema común que dominó en los discursos con los que los coordinadores parlamentarios abrieron la Legislatura el primero de noviembre de 2012, que se tradujo días después en el acuerdo legislativo votado a favor por los 39 diputados y diputadas de todos los partidos políticos, en el que pedían la salida del auditor Alonso Godoy Pelayo, por considerar que su "complicidad y franco encubrimiento de legislaturas anteriores", habían provocado "descrédito" y la "nula confianza" en la ASEJ y en el Congreso. El titular de la ASEJ no sólo los ignoró, sino que se aumentó el sueldo que lo convirtió en el más caro auditor estatal del país y se construyó un megaedificio sin rendirles cuentas.

Sometidos en este tema por sus jefes políticos y fácticos, los diputados salientes tampoco hicieron nada para dar seguimiento a las denuncias penales por el desvío de al menos 400 millones de pesos del Congreso en la Legislatura LVIII, que reveló la famosa auditoría privada Russell Bedford, ni los excesos de sus antecesores de la LIX, que les entregaron un Poder Legislativo en bancarrota. Dejar impunes desfalcos al erario tan claramente documentados en auditorías privadas, que además ratificaron auditorías oficiales, opacó la buena intervención que tuvieron en el caso López Castro, al evitar un pago millonario por un servicio fantasma, aunque los responsables siguen igualmente impunes.

El rehuir el debate por un nuevo modelo para supervisar el gasto público los llevó a dejar otra deuda: la de acercar el Congreso a los ciudadanos como se lo propusieron al inicio de la Legislatura, que diseñaron junto con diversas organizaciones de la sociedad civil una agenda legislativa que se proponía avanzar en temas justamente de fiscalización, transparencia y participación ciudadana. De hecho los legisladores y legisladoras de la LX, pasarán a la historia como los que despreciaron la primera iniciativa ciudadana en materia de fiscalización de los recursos públicos.

Concluyo mañana mi balance de la saliente Legislatura LX.

twitter: @jbarrera4
jaime.barrera@milenio.com

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