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Lunes , 25.06.2018 / 06:42 Hoy

Radar

Expectativas alfaristas

Jaime Barrera Rodríguez

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Entre las lecciones que nos dejó la elección pasada es que la mayoría de electores revaloraron la utilidad del voto para premiar o castigar a sus gobiernos, y que el periodo de gracia que dan a los candidatos en los que depositaron su confianza se ha reducido notablemente.

En Jalisco el PRI tuvo un largo periodo instalado en el poder en la etapa predemocrática de México. En 1995 fue expulsado por toda una historia de excesos e ineficiencias con el voto de castigo de los jaliscienses que dieron al PAN la oportunidad. Los gobiernos de este partido dilapidaron historia y prestigio y en 18 años terminaron con años de trabajo social y político de sus fundadores, al grado que el jueves cumplen su segundo trienio sin un solo alcalde en la Zona Metropolitana. En el 2009 los ciudadanos le volvieron a dar la oportunidad al PRI en Guadalajara con Jorge Aristóteles Sandoval y tres años después le ratificaron la confianza para llegar a la Gubernatura. El pasado 7 de junio eso ya no pasó y los electores dieron la espalda al PRI en los municipios más importantes de la entidad. Es decir, al menos a nivel municipal, el partido tricolor agotó la paciencia de los votantes en dos administraciones.

¿Cuánto durará el bono democrático y el plazo de gracia a los alcaldes postulados por el alfarista Partido Movimiento Ciudadano, que fue el gran ganador de la pasada elección?

Ese será el primer indicador al que habrá que estar pendiente en las nuevas administraciones naranjas, en especial la que encabece el líder de este movimiento, Enrique Alfaro, en la capital jalisciense, por la gran expectativa generada de que será un gobierno que resolverá las problemáticas y sacará a Guadalajara "del abandono".

A unas horas de asumir sus respectivas administraciones, tanto Alfaro como Pablo Lemus, en Zapopan, han apostado a un modelo de coordinaciones en búsqueda de mayor eficiencia y como un primer paso para reducir sus nóminas; y por la transparencia, con la promesa de que todos sus funcionarios de los primeros niveles de gobierno deberán presentar la declaración 3de3, es decir no sólo hacer pública su declaración patrimonial, sino también la fiscal y la de posibles conflictos de interés. Si eso de verdad se logra, seguro les ayudará a tener un buen inicio que responda a las altas esperanzas de los ciudadanos que les compraron la promesa de que serán gobiernos distintos.

Otro factor será el desempeño de los nombramientos recién dados a conocer y donde aparecen diversos activistas que fueron severos críticos de los gobiernos panistas y priistas. En el caso de Guadalajara destaca sin duda el nombramiento del político Salvador Caro, como responsable de Seguridad Pública, uno de los problemas más sentidos por los tapatíos. Así como la aparición de ex panistas como Diego Monraz, que no cayó del todo bien entre el alfarismo.

Finalmente, en el grado de cumplimiento de las expectativas influirá también la relación de Alfaro con el resto de los alcaldes pemecistas, claramente eclipsados en la fase de alcaldes electos, y el grado de entendimiento que logre el nuevo alcalde tapatío con los gobiernos priistas estatal y federal.

jaime.barrera@milenio.com

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