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Lunes , 24.09.2018 / 07:43 Hoy

Radar

Desmantelar, no censurar la "narcocultura"

Jaime Barrera Rodríguez

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Las intrincadas redes de complicidad, corrupción e impunidad que muchos dirigentes de nuestra clase política y gubernamental tejieron, heredaron y fueron reproduciendo por décadas con las mafias de la delincuencia organizada, son el origen del video grupero que hoy está en boca de todos.

Esta fusión del poder político y de las mafias, que luego alcanzó a prominentes figuras empresariales, fue permeando, paulatina pero constantemente, en amplias capas de la población. Sobre todo en aquellos sectores urbanos y comunidades rurales oprimidas por la pobreza galopante que crearon esa y otras negligencias. La ausencia de servicios y presencia del Estado fue llenada por los varones de la droga que se convirtieron en el prototipo a seguir por su aparente poder económico y el espejismo de su dispendiosa forma de vivir y gozar de la existencia. Esos patrones salieron luego de esas zonas deprimidas para llegar también a las clases medias y altas de las ciudades.

Se fue creando así toda una narcocultura que desde mediados del siglo pasado se empezó a expresar en hábitos, formas de vestir, creencias y santos del narco como el Malverde de Sinaloa, corridos donde se hacía apología de la historia de los primeros capos y que hoy se exponen en exitosas series en los nuevos canales de televisión a la carta como Netflix.

En esa serie de hábitos y expresiones culturales se incluye el video de este cantante grupero, filmado en una casa de la colonia zapopana El Chante, donde en la pasada administración estatal se detuvieron a presuntos narcos, lujosos autos, armas y drogas. Este asunto, así como la participación de patrullas y policías de la ex Villa Maicera, se debe investigar y no dejar impune.

Desde luego que es bienvenido también el debate que ha provocado la brutalidad de las imágenes del video en cuestión, comunes en ese tipo de productos que hacen apología de la violencia y transgreden el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia. Ojalá eso contribuya al menos a hacer más visible el tema de los feminicidios y otros temas de equidad de género, ante las cifras crecientes de este tipo de delitos.

El punto de censurar o no este u otros videos del tipo, de ese u otro género musical en los que también se hace apología de la violencia o del poder corruptor del narco, no resuelve el tema. En tiempos de redes sociales, el video de “ficción” del joven Ortiz, que habrá que admitirlo, ha sido ampliamente acogido y respaldado, es una prueba clara del gran crecimiento que ha tenido la narcocultura en México.

El reto, pues, es desmantelar el andamiaje social, económico, y las redes de corrupción e impunidad que la reproducen. Una tarea multifactorial y de largo plazo, pero la única para bajar el rating de millones de vistas de este y otros videos del tipo en las redes y los multitudinarios apapachos en las ferias y palenques donde se paren sus protagonistas.

twitter: @jbarrera4

jaime.barrera@milenio.com

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