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Jueves , 20.09.2018 / 15:40 Hoy

Radar

Alcaldes de la mafia

Jaime Barrera Rodríguez

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Así como hay alcaldes honestos y valientes, que son capaces incluso de poner en riesgo su vida y combatir antes de postrarse ante las amenazas de la delincuencia organizada, como Ambrosio Soto, que murió la semana pasada en Pungarabato, Guerrero, hay otros que son promovidos desde candidatos por las mafias para cuidar y crecer sus espacios de impunidad desde el poder de los Ayuntamientos.

De acuerdo a la justicia michoacana, ese es el caso de Juan Carlos Arreygue, alcalde por el Partido del Trabajo de Álvaro Obregón, quien fue detenido el lunes por presuntamente estar vinculado al asesinato de 10 personas. Según las primeras investigaciones, el edil ordenó a sus policías acudir en tres patrullas a levantar a estas personas que estaban bebiendo cerveza en una tienda, para luego llevarlos a una brecha de Cuitzeo, asesinarlos e incinerarlos en su propia camioneta. Esa es la versión en la que han coincidido tres de los uniformados que participaron en el múltiple asesinato, que aseguran, presenció el alcalde hoy detenido.

Este terrible caso remite de inmediato al del alcalde de Iguala, Guerrero, José Luis Abarca, que está en el origen de la crisis política aún no resuelta por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014. Él y su mujer, María de los Ángeles Pineda, están detenidos ya que también habrían ordenado a sus policías municipales detener a los estudiantes y entregarlos a los narcos de la plaza, con los que se entendían.

El reto, desde luego, es cómo distinguirlos y qué estamos haciendo para lograrlo y prevenir las tragedias que provocan. Por lo ocurrido en Álvaro Obregón podemos concluir que muy poco o nada se ha avanzado en ese tema pese a la macrocrisis de Iguala del 2014. Luego de aquel demoledor momento para el Gobierno de Enrique Peña Nieto, se habló de que los partidos políticos en coordinación con la PGR buscarían blindarse para cerrar las puertas a todo aquel precandidato de dudosa procedencia o con indicios de estar ligado al narco, pero otra vez todo quedó en discursos. Al alcalde detenido el lunes, el PRD le negó la candidatura porque detectaron que tenía nexos con Los Caballeros Templarios, pero al señor nadie le impidió irse al PT y ganar la elección el año pasado.

¿Cuántos otros asesinatos habrán ordenado otros alcaldes coludidos con las mafias que no han sido descubiertos? ¿Cuántos más tendremos que lamentar para de verdad empezar a hacer algo que detenga la infiltración del narco a los gobiernos municipales y a los otros niveles de gobierno? ¿Cuántas historias más de policías que, lejos de proteger, son los asesinos de los ciudadanos?

Hoy que, a petición del PRD, la Secretaría de Gobernación instalará una mesa de diálogo para tratar de poner un alto a los asesinatos de alcaldes (ayer mataron a José Santamaría, presidente de Huehuetlán El Grande, Puebla), también deberían retomar el tema de la infiltración del narco a partidos políticos y gobiernos, y del poder corruptor y depredador que desde esos espacios despliega con desafíos cada vez mayores al Estado mexicano.

twitter: @jbarrera4

jaime.barrera@milenio.com

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