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Mitos y mentadas

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Jacques Rogozinski Schtulman

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Hay una extendida creencia entre los analistas políticos que el voto a favor de López Obrador fue un voto antisistémico y de castigo hacia el PRI. Sin embargo, esa creencia no explica por sí sola la distancia de más de 30 puntos entre Morena con todos los partidos políticos. La explicación es más compleja y excede la coyuntura. Tiene que ver, ante todo, con la desigualdad y la globalización.

La globalización, como en otros países, ha profundizado las brechas entre los que más y los que menos tienen. El voto a AMLO cataliza a una enorme porción de la población que no ha encontrado respuestas en la economía ni en la oferta electoral del PRI, PAN o PRD.

Morena representa, para millones, una voz que estaba silenciada por sexenios. Todos los partidos al llegar al poder han fallado dejando las expectativas de la población no del todo resueltas. En ese contexto es que AMLO ganó peso.

AMLO ha recorrido buena parte del país haciendo no solo política por televisión o Twitter, sino visitando pequeñísimos pueblos olvidados. Un sector importante de la población encontró en AMLO una voz y su voz. No es un asunto casual, como dice Albert Hirschman en Exit, Voice, and Loyalty, las inequidades económicas crean inequidades en la voz, lo que a la vez mina la promesa democrática. Salvando las distancias, Trump, Lula, Correa y Chávez han representado lo mismo: en un determinado momento, fueron la voz de millones que no eran escuchados.

Las diferencias económicas y sociales que separan a la sociedad crean voces desiguales. Los ricos tienen más voz que los que están en la base de la pirámide. Miren, nada más, a qué se le presta atención cuando se habla de los riesgos de un candidato en cualquier parte del mundo: los mercados, Wall Street, Corporate America en Estados Unidos, la banca, las grandes empresas. ¿Y los demás?

“La voz política importa para la democracia por dos razones”, escribió Elisabeth Jacobs en Everywhere and Nowhere: Politics in Capital in C21. “Primero, la voz política comunica información a los creadores de políticas públicas. Segundo, la voz política provee incentivos a esos funcionarios”. En una democracia donde hay voces desiguales, el Estado recibe información e incentivos distorsionados, abunda Jacobs. “El resultado es una democracia disfuncional que perpetúa la desigualdad económica”. Por eso los resultados de las políticas públicas suelen estar más cerca a la necesidad de los ricos que de los pobres. En este contexto, su propuesta de abrir Los Pinos al público (por ejemplo) pretende mandar un mensaje de acceso y homogeneidad.

Ahora piensen por qué AMLO tuvo ese poder de arrastre. Habla sin tecnicismos, con simpleza. Le habla a la gente, bromea. Si son grandes sectores los que le apoyan es porque AMLO ha prometido que puede ser su voz o hacer que la suya se parezca a la de ellos.

AMLO representaría la última esperanza de un candidato como intérprete de los más afectados económicamente y socialmente marginados. Esto es significativamente importante, porque cuando la gente se identifica con una persona porque parece ser el canal más adecuado para expresar sus demandas, puede resultar muy difícil para los otros candidatos quebrar esa alianza basada en la simpatía y las creencias.

El hartazgo con la corrupción y la violencia importa, pero también importa que los partidos tradicionales ya no sean capaces de canalizar las demandas de la población. Ahora que López Obrador ganó la elección, la premisa queda: o los políticos escuchan la voz de las personas o se quedarán sin su propia voz política.


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