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El Santo Grial

“Afilar la Sierra”

Iván Lavín

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Recordando la historia del hábito siete del Libro Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, me viene a la mente como aquel leñador estaba tan ocupado que no se detenía a afilar el hacha. La historia transcurre más o menos así, palabras más o palabras menos: Un hombre al caminar por un bosque encuentra en su camino a un leñador cortando con mucho esfuerzo un gran árbol y después de observarlo durante un tiempo, decide acercarse y preguntarle a aquel leñador - ¿La actividad que realiza es pesada y, por que tarda tanto?-, el leñador le responde, sin siquiera voltearlo a ver en tan afanosa tarea -efectivamente es un trabajo pesado- el visitante le pregunta entonces -¿cuánto tiene que no afila su hacha?-, el leñador con notable molestia voltea la vista y le dice -¿afilar el hacha?, ¿Cómo quiere que lo haga si estoy muy ocupado?- . Esta historia es más parecida a la realidad de muchos empresarios y su obstinada idea de no poder detenerse a “afilar la sierra o el hacha”, y esta analogía la equiparo a la poca o nula importancia de varios Directores Generales o Dueños de negocios le dan a la formación, capacitación, desarrollo de habilidades interpersonales, descanso, check ups de salud, planeación, revisión o creación de estrategia, entre otras, con el eterno pretexto de que “no tienen tiempo”. Y es como aquel conductor que maneja largas horas y kilómetros de carretera, que no se detiene a cargar gasolina, “porque no tiene tiempo”. 

Tarde o temprano el coche se detendrá y no podrás siquiera regresar al punto de partida. Exactamente sucede que los empresarios al no “afilar la sierra” se detienen y ya no pueden avanzar y finalmente pierden su empresa, sus mejores empleados, sus clientes más importantes, entre otras cosas. Y es que he escuchado a empresarios decir, “la capacitación es cara”, “¿para qué capacito a mis empleados si luego se van y no aplicarán lo aprendido?”, entre otras frases similares y que realmente me dejan con el “ojo cuadrado” de sus expresiones, casi casi del siglo XIX. Invito a aquellos empresarios que estén sumergidos en tanto “trabajo que no pueden detenerse”, realmente reflexionen y hagan un alto en el camino para afilar la sierra, y capacitarse, entrenar a sus colaboradores y, en general seguir formándose y buscando las mejores técnicas para incrementar la productividad. 

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