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Espíritu empresarial

Mis derechos como cliente

Israel Moreno

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Personalmente he palidecido en algunos conciertos, cines y hasta en restaurantes, no tanto por el servicio que ofrecen, sino debido a “otros consumidores” que echan a perder esos momentos en que estamos en esos negocios.
En un concierto navideño y a pesar de que el maestro de ceremonias había solicitado que se apagaran los celulares, hubo más de una persona que no lo hizo y sonaban sus teléfonos interrumpiendo la estancia e impidiendo deleitarse con la música de Handel.
En los últimos años, hemos sido testigos que al ir al cine y a pesar de que hay ciertos filmes con clasificación para adolescentes y adultos, existen padres de familia que llevan a sus hijos pequeños, independientemente de que lo que se vea en pantalla sean dinosaurios escandalosos, fantasmas y espantos, violencia o sexo; lo que están formando, son personas insensibles que les parece normal matar y escuchar gritos o balazos. Lo más molesto es cuando el infante se desespera y empieza a llorar, trayendo el descontento de los presentes en la sala.
Los que usan los celulares en plena función de cine y aunque no suene, la simple luz cercana molesta y distrae.
Y no sé si le haya pasado, estimado lector, que está plácidamente degustando de los sagrados alimentos, y hay un (os) niño (s) inquieto (s) corriendo, gritando y tirando cosas, que los meseros no pueden controlar y que sus padres no quieren molestarse en apaciguarlos.
Esta retahíla de quejas se han externado en cada negocio y algunas respuestas son: “la gente no hace caso”, “si prohibimos algo vamos contra los derechos humanos” o “no podemos hacer nada”. ¿Qué haría usted es esos casos?
Como empresa le recomiendo que cuide esos pequeños grandes detalles; por unos clientes, no puede perder a otros o el buen nombre de su empresa.

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