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Sábado , 23.06.2018 / 21:22 Hoy

Espíritu empresarial

La función debe seguir

Israel Moreno

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Siempre se ha platicado en este espacio del saber administrativo que todo negocio se instala para ofrecer un bien o servicio, generar una utilidad, procurar el bienestar de sus trabajadores y trascender en el tiempo… de preferencia en ese orden de prioridades.

Vemos en la práctica que hay desorden en estos puntos; ¿cuál cree usted, amigo lector, que esté como número uno y cuál como cuatro? Desafortunadamente, el punto final considerado de manera general por la mayoría de las empresas, es el bienestar de sus empleados, y eso si se han cubierto en demasía los otros tres; y como los que manejan los negocios son los mismos empleados, entra la duda que sirve como título de este artículo.

Cuando se habla de negocios, ¿se incluye la frialdad en su manejo? Si existen empresas por ende está la naturaleza humana, ¿y de ipso facto hay bondad, tolerancia, justicia, amor y demás sentimientos propios del hombre?

Desde el punto de vista frío, si un trabajador pasó la mayor parte de su vida laboral y llega a la edad de su cesantía o se incapacita de manera definitiva, se le cambia por otro y ya… Pero ¿y las horas que estuvo sacando el trabajo, el esfuerzo en resolver problemas, el tiempo que sacrificó a la familia por estar a deshoras en la empresa, la salud mermada por un accidente laboral y la inteligencia usada para mejorar procesos… dónde quedan?

En el pago del salario, en las prestaciones ganadas “por ley” o por reglamento, en los descansos y vacaciones gozadas, en las despensas u obsequios que se entregan en la organización. ¿Es justo? Según Karl Marx, No.

Conocemos la vida y obra de varias empresas a través de los años, algunas llevaron progreso y bienestar al lugar donde se instalaron, otras abusaron de los recursos, la gente y la naturaleza de ciertas poblaciones; algunos negocios no cumplen con los derechos laborales de su personal o contaminan aire, mar y suelo y campechanamente siguen laborando.

Deducimos que las personas que administran dichas organizaciones son las que no tienen los valores adecuados; por tanto, las empresas en general han sido frías pues a como dé lugar deben elaborar bienes y servicios, haciendo a un lado a una persona que ya no produce. ¿Es justo? Según Adam Smith, sí.

Luego entonces, Smith le ganó la partida histórica a Marx.

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