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Domingo , 24.06.2018 / 22:28 Hoy

De medios y otros demonios

Una nueva era en la comunicación

Israel Martínez

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Durante las décadas de los años 80 y 90 el estudio de la comunicación se centraba en dos modelos: el impacto de los medios en las audiencias y el desarrollo y aplicación de las técnicas necesarias para lograrlos.

En ambos modelos era sumamente importante conocer el funcionamiento de las cámaras y las consolas así como la indispensable necesidad de saber dónde y cómo se cableaban esos aparatos además de desarrollar la imperiosa facultad de hacerlo en tiempos que desafiaban toda lógica.

La disciplina era más técnica que científica/teórica, lograr encuadres espectaculares o realizar transmisiones sin fallas en los mecanismos de producción eran la manera de destacar en la escuela y garantizar el acceso a los medios o algunos espacios en las oficinas de comunicación social.

Comprar equipo especializado, "cámaras profesionales", era una manera de asegurar el éxito en el terreno de la información porque podrías lograr cosas que no eran posibles si no contabas con el equipo técnico adecuado.

No obstante la comunicación cambió el modelo, paulatinamente, con el avance de las nuevas tecnologías; el manejo de los equipos pasó a segundo término; las cámaras "caseras" fueron incluyendo cada vez más funcionalidades que minimizaron la brecha entre una y otras.

Las capacidades tecnológicas de la era digital llevaron las "cámaras profesionales" a los teléfonos celulares; los efectos, que anteriormente se lograban con maestría, lentes especiales, gelatinas (pantallas semitransparentes de colores) y un cálculo específico sobre cantidad de luz, velocidad de obturador entre otras cosas, quedan a la mano de cualquiera con solo hacer una selección en pantalla.

La era del manejo técnico/tecnológico ha terminado dando paso a una nueva etapa. Empezamos por notar que la imagen era importante, que generaba un impacto en las personas, que a través de esta se podía influir en mayor o menor medida en las decisiones, que se ganaba o perdía credibilidad y que incluso era posible alterar la percepción a través de ciertos mecanismos.

En esa etapa la gente fue aprendiendo, también, a leer la imagen y, con ello, a usarla de manera empírica, a saber cómo y por qué debían comportarse de un modo u otro. Un breve grupo de profesionales de la comunicación le apostaron a este nuevo fenómeno que rápidamente fue rebasado.

Estamos en los albores de una nueva etapa, una donde primará la estrategia, la narrativa, la capacidad creativa de modelos complejos que puedan ser atractivos para la audiencia, mecanismos en los que la parte técnica pasa a segundo término, donde las grandes producciones dependen de ideas y se llevan a cabo en celulares. Esta es una nueva era: la era del contenido.

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