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Miércoles , 18.07.2018 / 15:20 Hoy

De medios y otros demonios

México y su visión del deporte

Israel Martínez

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Tras la participación mexicana en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro la pregunta es lógica: ¿cuál es el problema de los mexicanos en los torneos internacionales? Desde la óptica de este espacio todo radica en lo más básico: cómo entendemos el deporte en nuestro país.

En Estados Unidos, el ejemplo por antonomasia, el deporte es parte fundamental de la cultura de los ciudadanos, les crea una sólida identidad regional, estatal y nacional además de ser un extraordinario negocio de varios miles de millones de dólares por año; en México el deporte es visto como una actividad lúdica, de diversión/entretenimiento o, en el mejor de los casos "un tema de salud". Esta pequeña diferencia hace la gran diferencia.

En Estados Unidos el deporte amateur está prácticamente en manos de las universidades y es regulado, no controlado. La National College Athletic Association (mejor conocida por sus siglas NCAA) es la que pone las reglas y vigila su cumplimiento.

Con la NCAA el deporte florece en nuestro vecino del norte y lo hace con recursos PRI-VA-DOS ¿a través de qué? De la oferta del mejor servicio que el deporte puede proveer: Entretenimiento.

En 2010 la NCAA negoció con las cadenas televisivas CBS y TBS la transmisión del campeonato nacional de basquetbol de la División I por 14 años en 10 mil millones de dólares (solo basquetbol); más de 20 entrenadores de este campeonato cobran más de 2 millones de dólares anuales; en comparación, solo 15 técnicos de selecciones mundiales de futbol ganan eso o más.

¿Cuánto ganan los atletas? Nada. La NCAA es muy clara: se trata de deportistas amateur/estudiantes y de tal manera deben mantenerse; lo único que puede obtener el deportista es una beca completa para la universidad en la que juegue, eso incluye hospedaje, comida, libros y cualquier otra cosa que necesite para sus estudios.

En México las becas deportivas completas incluyen que el estudiante no pague colegiaturas, en algunos casos hospedaje, algo de comida en el campus y nada más; los atletas deben, además, trabajar para pagar el resto de sus gastos de manutención y estudios.

El ciudadano estadounidense se siente poderoso porque es parte de una nación poderosa que, literalmente, arrasa en las competencias deportivas. El mexicano se siente mediocre porque es parte de una nación mediocre cuyos logros son resultado del esfuerzo individual de jóvenes que dedican su tiempo libre a algo divertido.

La inversión en deporte es una inversión en identidad, en valores nacionales; en eso que hoy, más que nunca, hace falta en el país. Regulación y organización civil y no control gubernamental debe ser la apuesta del deporte si el objetivo es alcanzar resultados importantes y recalco: si ese es el objetivo.

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