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De medios y otros demonios

El debate de la ley

Israel Martínez

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La propuesta de ley en telecomunicaciones abrió las puertas para que propios y extraños intercambiaran opiniones desde sus muy diferentes trincheras; mientras MVS y los medios detractores al priismo y el gobierno federal encabezan una campaña para frenar la ley, Televisa y Tv Azteca hacen un cómodo mutis en el debate de una iniciativa creada evidentemente a modo para ellos.

La propuesta del panista Javier Lozano Alarcón sorprendió no sólo por el evidente intento de favorecer los intereses del duopolio televisivo, sino también por la burda forma en que se presentó: sin intención alguna de "maquillar" dichos intereses.

Pareciera que el senador panista calculó (obviamente mal) que al retirar, como era lógico que pasaría, la iniciativa de vigilancia y control de internet, conseguiría una aprobación en automático de todas las demás propuestas que buscan acotar las facultades otorgadas constitucionalmente al Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel).

La discusión mediática que generó la propuesta de ley abrió un debate que, si bien fue amplio en cuanto a penetración y alcance, también fue muy bajo en cuanto a contenido e información, lo que terminó en un aplazamiento para junio en de la discusión sobre esta iniciativa.

Retrasar la discusión hasta esa fecha parece ser un movimiento de estrategia para desgastar el movimiento que surgió en las redes sociales y que alcanzó a enquistarse en los terrenos de la ciberpolítica y el ciberactivismo pero que no logró penetrar al interés de la sociedad en general que cada vez se siente más lejana a los temas políticos.

La discusión de la iniciativa ha polarizado dos corrientes que ya existían de manera previa: por un lado, quienes de forma sistemática se manifiestan contra cualquier cosa que provenga del gobierno (en general) y del priismo (en particular) y, por el otro, los defensores a ultranza y aplaudidores de y por siempre.

Quienes están en contra de la propuesta deberán ser pacientes y velar armas mientras alistan argumentos más sencillos que pueda entender la ciudadanía, sin tanto tecnicismo.

Por parte de los defensores de la propuesta del Ejecutivo, iniciarán un intenso cabildeo para conseguir los votos necesarios para la aprobación, mientras que las televisoras harán lo propio en la defensa de sus intereses comerciales por encima de las necesidades sociales.

En ambos casos se deben abandonar los discursos que apelan a la retórica de la libertad de expresión y subir el nivel del debate, hacerlo social e involucrar a la sociedad en general que puede ser el fiel de la balanza al momento de llegar la votación.

En ambos sectores hay intereses, personales y de grupo, de por medio, por lo que habrá que ser cautelosos, críticos y recelosos de los argumentos que se presenten. Nos va la reforma en ello.

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