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Jueves , 13.12.2018 / 17:47 Hoy

Daños colaterales

Sergio Ramírez: "El tiempo de Daniel Ortega se acabó"

Irene Selser

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El tiempo del presidente Daniel Ortega "se acabó, se lo quitaron sus propias acciones y el tiempo es implacable", aseguró el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes de Literatura 2017, al ser entrevistado en Managua por la agencia alemana de prensa DPA. 

Vicepresidente durante el primer gobierno de Ortega (1985-1990) bajo la revolución sandinista que en 1979 derrocó con las armas a la dictadura de medio siglo de los Somoza, Ramírez afirmó que su ex compañero de lucha y ex guerrillero de 72 años "construyó su propio final y no logrará sostenerse en el poder".

Añadió que Ortega, en el poder desde 2007 tras desconocer a la Constitución, soltó "al genio maléfico de la botella" al responder con "caos y terror" a la crisis que su gobierno enfrenta desde el 17 de abril y que ha causado más de un centenar de muertos en seis semanas y un millar de heridos, según organismos humanitarios.

La protesta por "democracia" tuvo como protagonistas a jóvenes universitarios, pero se expandió de inmediato a la sociedad civil tras la matanza de estudiantes. También se sumaron campesinos, sacerdotes y obispos y un sector del empresariado, hasta hace poco fiel a la pareja presidencial de Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo.

Para Ramírez, ante la gran rebelión pacífica de amplios sectores que se resisten a armarse como en los años '70 pese a la represión brutal del gobierno, "una guerra no se puede dar sino entre dos bandos armados, y aquí solo hay uno: el que agrede desde el poder a la población civil de manera cada vez más artera e indiscriminada. Caos y agresión letal, más que guerra. Incendios provocados, asaltos a comercios, asaltos en las calles y carreteras por las fuerzas de choque, ejecuciones. Pareciera que el objetivo es sembrar el terror para que la población se desmovilice".

El gobierno y el Frente Sandinista (FSLN) –que en los años '60 y '70 lideró con heroísmo la lucha contra la dinastía somocista–, "han soltado a un genio maléfico de la botella", insistió Ramírez, Premio Internacional "Carlos Fuentes" y Premio Alfaguara por Margarita, está linda la mar, al referirse a la contratación del gobierno de delincuentes y pandilleros para atacar a civiles y dañar inmuebles, incluso de propiedad del Estado con "consecuencias impredecibles. Ya han muerto hijos de policías y de funcionarios judiciales, acérrimos partidarios de Ortega".

"La consigna parece ser que nadie esté seguro –añadió–, pero anoche (el viernes pasado), en el barrio capitalino de Rubenia, las turbas asesinaron a un ciudadano de Estados Unidos que llegó a auxiliar a un amigo que lo llamó pidiendo ayuda, porque estaba en manos de esas turbas. Eso trae ya conflictos internacionales. Y eso también es impredecible cuando sueltas al genio de la botella."

Agregó que la resistencia civil pacífica que reclama la salida de Ortega-Murillo del poder y la convocatoria a elecciones libres y transparentes, "es legítima, pero está siendo reprimida sin piedad, a un costo ya mayor de cien muertos en menos de dos meses. A ese ritmo, estamos ya en medio de un baño de sangre. Al gobierno es al único que le toca parar esta insensatez".

Consideró que otra guerra civil como la que antecedió a la caída del somocismo "es indeseable por completo, nadie la quiere" y dijo que el ejército de Nicaragua, que ha desmentido oficialmente cualquier participación hasta ahora en la represión "merece crédito".

"En la debacle que estamos viviendo, con todas las instituciones en harapos atadas al carro de un poder abusivo, la única institución que sigue siendo confiable es el Ejército. Tienen mi respeto", añadió y destacó que "me parece que si hay fuerzas paramilitares, esto viola el artículo 95 de la Constitución, que dice que no pueden existir más cuerpos armados en el territorio nacional que los establecidos por la ley".

Sobre el silencio que hasta unos días mantenía el grueso de América Latina ante la violencia oficial, sólo repudiada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Casa Blanca, Amnistía Internacional y el Parlamento Europeo, Ramírez dijo que "este silencio va rompiéndose, no solo en América Latina sino también en Europa y en la opinión pública en Estados Unidos. La declaración del secretario general de la ONU, António Guterres, es clara y contundente, y el comisionado de Derechos Humanos de la misma ONU insiste en que lo dejen entrar a Nicaragua con una misión de investigación. Cada vez habrá más atención, en la medida en que se siga matando a ciudadanos indefensos".

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