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Lunes , 16.07.2018 / 20:12 Hoy

Daños colaterales

Netanyahu y el antisemitismo en Occidente

Irene Selser

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El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, alertó ayer sobre una peligrosa reactivación del antisemitismo en el mundo occidental y volvió a insistir en la "amenaza" que supondría Irán para el Estado israelí, en una ceremonia en el Museo del Holocausto de Jerusalén por el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto que se celebra cada 27 de enero.

A propósito de esa fecha, el centro Simon Wiesentahl en Jerusalén publicó un informe que destaca que la persecución a numerosos criminales nazis sigue vigente más de 70 años después de la II Guerra Mundial con más de 1,500 investigaciones abiertas, de ellas 324 en Polonia y 1,163 en Alemania, donde el régimen de Adolf Hitler dispuso el exterminio de 6 millones de judíos dentro y fuera de sus fronteras durante la segunda gran conflagración.

Como destaca la prensa israelí, es la primera vez que Netanyahu asiste a una ceremonia de este tipo que en Israel se evoca entre abril y mayo, una semana antes del Día de la Independencia del Estado de Israel en 1948, una de cuyas justificaciones –la creación del Estado israelí– fue precisamente crear un Hogar Judío que diera protección y cobijo a un pueblo que ha cargado con el estigma histórico de la persecución, la segregación y la discriminación.

Al respecto, Netanyahu añadió que el "antisemitismo" es el fenómeno de odio étnico "más antiguo de la historia de la humanidad", y se traduce en la actualidad en "odio hacia el Estado judío (Israel)". "Se observa en las capitales europeas, es simplemente increíble", aunque aseguró que la mayor amenaza la sigue representando Irán porque "el régimen de los ayatolás" insta abiertamente a la destrucción de Israel. No obstante, destacó que "creo que esto va a cambiar", en referencia a la coincidencia que tiene con el nuevo presidente de EU, el neonazi Donald Trump, decididos ambos a dar marcha atrás al acuerdo nuclear con Irán firmado en junio de 2015 por el Grupo 5+1, es decir las cinco potencias del Consejo de Seguridad de la ONU (EU, Rusia, Francia, China y Reino Unido) más Alemania.

Ante más de medio centenar de embajadores y representantes diplomáticos de países como Francia, EU, España, Alemania, Hungría, Italia, Rusia y Canadá, Netanyahu dijo también que es "una obligación no olvidar nunca" la memoria ni a las víctimas del Holocausto". "Cuando recordamos a las víctimas, cuando recordamos este crimen, no debemos olvidar nunca nuestra terrible tragedia: el odio persistente al pueblo judío".

Hasta aquí de acuerdo con el primer ministro Netanyahu, al menos en cuanto al "odio persistente al pueblo judío", que sin embargo el periodista y escritor israelí Gideon Levy atribuye en gran parte al carácter "tiránico" de la "ocupación israelí" en las tierras palestinas; ocupación que proyecta quedarse para siempre a partir de que los israelíes "creen que son el pueblo elegido (aunque) su forma de pensar está desconectada de la realidad y acusan a cualquiera que discrepe de ellos de antisemitismo". Las palabras de Levy, columnista del prestigioso diario Haaretz (centro-izquierda) de Jerusalén fueron dichas en 2011 en el Trinity College de Dublín y reproducidas por medios palestinos (http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=31091) con motivo de la conferencia "Semana del Apartheid Israelí". Pero pese a la distancia, mantienen por lo visto toda su vigencia.

Levy, orador principal del encuentro y siempre solidario con los derechos del pueblo palestino, dijo también que "la maquinaria de propaganda" israelí socava cualquier opinión contra Israel al punto de que "en la actualidad cinco millones de israelíes están profundamente convencidos de que están en lo cierto y siete mil millones de personas en el mundo están equivocadas".

También calificó de "criminales" los asentamientos de Israel en tierras palestinas de Cisjordania y Jerusalén Este", donde de acuerdo con la ONU debe estar la capital del futuro Estado palestino y dijo que "la ocupación es adictiva".

Tanto -decimos nosotros- que el pasado martes 24 de enero, apenas 96 horas después de la asunción presidencial de Donald Trump, Netanyahu aprobó la construcción de 2,500 nuevas viviendas en Cisjordania (la bíblica "Judea y Samaria"), el anuncio de colonización más ambicioso en años, valiéndose de la nueva coyuntura política en Washington, favorable a la expansión de la conquista israelí en detrimento de los derechos y las tierras de los palestinos.

El ministro de Defensa de Netanyahu, el ultraderechista Avigdor Lieberman, dijo que las nuevas viviendas eran "para responder a las necesidades de alojamiento y de la vida cotidiana" de los israelíes; la segunda decisión sobre la colonización en dos días luego de que domingo 22 la municipalidad israelí de Jerusalén aprobara la construcción de 566 viviendas en los barrios de colonos de Jerusalén Este, sector mayoritariamente palestino de la ocupada ciudad.

Durante ocho años, la administración de Barack Obama se opuso con fuerza a la colonización israelí aunque al final de su mandato el demócrata le heredó a Netanyahu un crédito de ayuda militar récord por 38 mil millones de dólares por diez años, es decir 3.8 mil millones de dólares al año a condición de que Israel solo le compre armas a EU.

"Estamos construyendo (asentamientos) y vamos a seguir construyendo", aseguró el martes Netanyahu en su cuenta de Twitter haciendo caso omiso de las críticas de la ONU cuya nuevo titular, el portugués Antonio Guterres, aseguró que "no hay más alternativa a una solución de dos Estados. (...) Toda decisión unilateral que pueda obstaculizar el objetivo de los dos Estados preocupa" a la ONU. También la Unión Europea calificó de "lamentable" la decisión que "debilita aún más la perspectiva de una solución de dos Estados", el de Israel y de Estado de Palestina, independiente y soberano.

Según Netanyahu, tras ocho años de "presiones enormes" sobre el tema de Irán y de las colonias de parte del presidente Obama, hoy "estamos ante una gran oportunidad para la seguridad y el futuro del Estado de Israel", lo que en la lógica del establishment israelí -que no es equivalente al pueblo judío- significa abonar a la guerra porque "seguiremos construyendo más asentamientos". El 23 de diciembre la ONU también consideró que la colonización "es ilegal y perjudicial para la paz" en una nueva resolución del Consejo de Seguridad, la número 2334, que por primera vez no fue bloqueada por la Casa Blanca -todavía de Obama- desde 1979.

A la fecha y de acuerdo con cifras no oficiales existen cerca de 600 mil colonos israelíes enquistados en tierras de Cisjordania y Jerusalén Este, siendo calificadas las nuevas construcciones por el presidente palestino Mahmud Abás como un paso "peligroso", "un desafío" y una "preocupación" que tendrá consecuencias. No obstante, Netanyahu y su entorno saben que la llegada Donald Trump a la Casa Blanca abre un nuevo período para la política israelí, que también comparte con el multimillonario neoyorquino su vocación por los muros.

En junio se cumplirán 15 años de la construcción del ominoso muro de Cisjordania, de casi 800 km de longitud, ordenado en 2002 por Ariel Sharon so pretexto de proteger a la población judía de los ataques de palestinos suicidas, pero que según organizaciones pacifistas y pro-derechos humanos israelíes como Peace Now y B'Tselem, y múltiples organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, Unicef, Oxfam y Human Rights Watch busca impedir de facto la creación de un Estado palestino con continuidad territorial entre Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza, aislados entre sí por la ocupación israelí.

El muro, concebido como un complejo sistema de vallas y alambradas en su mayor parte y también de hormigón prefabricado de hasta 7 metros de altura y ultravigilado por el ejército israelí, afecta desde entonces la vida cotidiana de al menos medio millón de palestinos, separados los campesinos de sus tierras -las más productivas además- y las familias de sus lugares de trabajo, hospitales y escuelas.

Desde 2004, la Corte Internacional de Justicia de la Haya resolvió que la construcción era "ilegal" ya que supone el incumplimiento de las obligaciones contraídas por Israel en virtud del derecho internacional humanitario.

Pero para el establishment israelí, que se autoconcibe como un liderazgo mesiánico aunque el Estado de Israel sea laico, el objetivo final es anexar grandes partes de Cisjordania y Jerusalén Este, como afirma Haaretz (06-12-16), que reporta además la vinculación de los padres del yerno de Donald Trump, Jared Kushner, de 35 años, esposo de Ivanka Trump y padre de sus tres hijos, con el desarrollo de las colonias.

A través de su Fundación Charles y Seryl Kushner, estos han donado decenas de miles de dólares a grupos e instituciones de "Judea y Samaria" para proyectos sociales, culturales y religiosos. El mismo Jared y sus tres hermanos integran el directorio de la Fundación.

Por añadidura, Trump designó a David Friedman como embajador estadunidense ante el gobierno de Israel. Friedman, uno de los principales asesores de Trump en la campaña electoral, ya había dicho en octubre pasado que los asentamientos israelíes construidos en la ocupada Cisjordania no eran "ilegales" y ha alentado a Trump a reconocer a Jerusalén (para los palestinos Al-Quds) como la "capital de Israel", según fuentes del equipo del flamante presidente de EU.

Desde 1980, la Asamblea General de la ONU (resolución 478) considera que Israel no puede establecer su capital en una "Jerusalén unificada" ya que esto supone una violación al derecho internacional incluyendo el Cuarto Convenio de Ginebra sobre la protección de personas civiles en tiempo de guerra, por lo que todas las embajadas funcionan en Tel Aviv, a una hora de distancia.

Para el influyente clérigo musulmán chiita iraquí Moqtada Sadr, trasladar la embajada de EU a Jerusalén sería "una declaración pública y más explícita que nunca de guerra contra el islam" porque violentaría el carácter internacional de la Ciudad Santa. También sería otra forma de echar más leña al fuego del odio antisemita.

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