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Lunes , 10.12.2018 / 20:38 Hoy

Daños colaterales

‘Harvey’: lo ‘inédito’ dentro de lo previsible

Irene Selser

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Estábamos en Buenos Aires atendiendo una emergencia familiar, cuando Sandy, primero como depresión tropical y luego como huracán, afectó sucesivamente a Colombia, Venezuela, Haití, República Dominicana, Cuba, Bahamas, Bermudas y Jamaica. Cuando el ciclón entró ya debilitado a Estados Unidos y Canadá, la destrucción fue paradójicamente mayor. En Estados Unidos afectó a 24 de los 50 estados con saldo de 147 muertos -de los 253 en el total de países- a causa de la intensidad de los vientos, las fuertes lluvias, marejadas y nevadas.

Sandy, con una dimensión colosal de 1,800 kilómetros de diámetro, se combinó con una tormenta invernal y la tempestad resultante, que descargó toda su fuerza sobre Nueva York y Nueva Jersey, fue llamada como se recordará por los meteorólogos Frankenstorm o “la madre de todas las tormentas”, como cuando en el filme de Roland Emmerich, The Day After Tomorrow, la ciudad de los rascacielos sucumbe ante una letal tormenta en todo el hemisferio norte, anticipo de una nueva glaciación.

Al igual que el “inédito” Harvey, como lo catalogan los expertos, también Sandy demoró casi una semana en disiparse, del 23 al 28 de octubre, y quedó inscrito en los libros de ciencia como un precedente de los fenómenos por venir, potencialmente “monstruosos” por su intensidad. Una forma eficaz, finalmente, de nuestro lacerado planeta de transferir a la atmósfera el calor latente y en aumento de los océanos. Como alguna vez leí, los huracanes son, en última instancia, el mejor sistema de ventilación de la Tierra.

Según Olivier Proust, analista del Meteorológico de Francia (www.lemonde.fr, 29-08), si bien no se puede hablar de un “vínculo directo” entre Harvey y el calentamiento global -que niegan Trump y las multinacionales energéticas, con sus científicos y periodistas “de fortuna”–, el cambio climático actúa sobre los ciclones “como un aditivo en la gasolina”: el recalenamiento planetario “acelera y amplifica los fenómenos”, habiéndose intensificado bruscamente Harvey encima de las calientes aguas del Golfo de México.

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