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Lunes , 16.07.2018 / 05:08 Hoy

Daños colaterales

EU y el terrorismo, un “asunto de propaganda”

Irene Selser

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Ahora que se ha conjurado lo peor de la crisis en Ucrania —aunque desde un inicio se pudo ver lo improbable de una invasión a la ex república soviética por parte del presidente ruso Vladimir Putin, pese a los muchos temores en contrario—, la ofensiva yijadista sunita en Irak, favorecida por las políticas sectarias del gobierno chiita de Nuri al Maliki, pero alentada a su vez desde el exterior por los cuantiosos petrodólares de las monarquías sunitas del Golfo Arábigo, nos devuelve al escalofriante escenario del año 2003 en ese país y la eufemísticamente llamada operación Libertad duradera de George W. Bush y David Cameron, cuando ambos líderes invadieron Irak con 270 mil soldados en contra de la opinión pública internacional y a sabiendas de que era otra guerra fundada en mentiras: la posesión del régimen sunita de Sadam Husein de “armas de destrucción masiva” —que nunca aparecieron porque, como insistía la ONU, ya habían sido destruidas—, y los “lazos terroristas de Bagdad con Al Qaeda”.

Ahora, es el “incómodo” primer ministro Maliki, a nombre de la mayoría chiita de Irak (60%) y sostenido por la también chiita República Islámica de Irán, quien acusa a Arabia Saudí —cuna de Osama bin Laden— de estar detrás del terrorismo yijadista del grupo sunita Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), el cual actúa también en Siria contra el gobierno secular de Bashar al Asad, como este último ha venido reiterando –con escasa resonancia, ciertamente, en la prensa mundial– al denunciar a los “terroristas extranjeros” que buscan derrocarlo.

Y si irónicamente el principal beneficiario de la intervención de EU a Irak ha sido el tan satanizado “enemigo” iraní, que halló en Maliki a su mejor aliado frente a los Estados sunitas de la región –desde su creación en 1918, Irak siempre fue gobernado por la minoría sunita (38%)–, la actual ofensiva del EIIL, apoyada por los aliados de EU en el Golfo, no solo obliga a la administración Obama a regresar al teatro de una guerra inservible a la que puso fin en 2011, sino que lo confronta con su propio discurso de condena al “terrorismo”, a sabiendas de que lo que asegura Maliki es cierto. Y también lo que ya afirmaba en enero de 2002 el lingüista Noam Chomsky, de que la “guerra contra el terrorismo es un asunto de propaganda”.

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