• Regístrate
Estás leyendo: Traducir a los Trump del mundo
Comparte esta noticia
Domingo , 19.08.2018 / 17:01 Hoy

Columna de Inés Sáenz

Traducir a los Trump del mundo

Inés Sáenz

Publicidad
Publicidad

Lo confieso. Siento una atracción malsana por Donald Trump. No me pierdo sus declaraciones y entrevistas, a pesar de que éstas me confirmen una y otra vez el relato predecible de cinismo, desparpajo, grosería, seguridad apabullante, tono gritón, ignorancia, megalomanía, y frases categóricas. No tengo más remedio que revelar una indecencia: su tupé zanahoria, su boca que se abre en forma de corazón, sus dedos de gesto emoticón me fascinan. Lo grotesco se convierte en una serpiente de mirada hipnótica; mis ojos quedan prendados del mal gusto, del error peligroso, de la rabia violenta. La sensatez no es viral.

De todo lo escrito sobre el candidato, me quedo con un tesoro que descubrí hace un par de semanas. Una frase que se quedó en mi memoria como un mantra que no cesé de repetir y recordar para reproducirlo en este artículo. Ocho palabras acuñadas en 2011 por el escritor Marc Singer en la revista The New Yorker, a propósito de sus previos encuentros con el millonario.

Marc Singer dedicó meses en estudiar la carrera y la personalidad del Trump empresario, antes de que éste optara por el espectáculo televisivo de El aprendiz y mucho antes de que se lanzara a la carrera política. Para trabajar su reportaje, Singer se enfocó en dos preguntas que lo guiarían durante la jornada que pasaría al lado de Trump. Una de ellas, la que me interesa, pretendía averiguar si el magnate tenía una vida interior. Singer encontró una respuesta: la nada, el vacío.

Reproduzco las conclusiones a las que llegó: "Trumphad aspired to and achieved the ultimate luxury, an existence unmolested by the rumbling of a soul".

Me pareció que traducir la frase no era sólo una tarea lingüística, sino también política, por las repercusiones enormes que ésta tiene para entender a ciertos especímenes que pretenden secuestrar la atención de nosotros los ciudadanos. Traduzco de manera libre:

"Trump había anhelado y alcanzado el lujo supremo: vivir una existencia sorda a los murmullos del alma".

Permítaseme ladrar con mayúsculas: GUAU.

Me parece una frase genial, porque sugiere una multitud de interpretaciones.

¿Qué me viene a la cabeza cuando pienso en una existencia sorda? Imagino una existencia movida por ideas preconcebidas que no cambian de lugar. Una existencia imperturbable, que no se altera por la duda, por los asaltos de la realidad, por las equivocaciones. Una existencia que no se reformula, incapaz de imaginar, de dialogar con su propio yo. Una existencia que ha apagado su voz interna, que no la reconoce ni la entiende. El ruido sordo, la llamada del alma se ha convertido en este caso en un murmullo apagado, imperceptible a unos oídos incapaces de escucharse.

La frase es enorme y trasciende a Trump. Podemos verla reflejada en unos cuantos amigos, en algunos colegas y en muchos de nuestros políticos.

Cité la frase de Singer a mis alumnos de literatura el primer día de clases. Me pareció la manera más seductora con que podía invitarlos a leer, a dejarse llevar por la imaginación y enriquecer su mundo interior. También, les advertí que la frase era una clave para detectar y entender el cinismo de las figuras públicas que nos insultan con su discurso vacío, que repiten mentiras sin remordimiento, que piden perdón de dientes para afuera, que declaran una cosa y hacen otra. Pensé, -fue irremediable- en nuestro Presidente y su primera dama.

¿Cómo se logra el lujo supremo de vivir una existencia sorda a los murmullos del alma?, ¿en qué momento de la vida sucede esa transformación?, ¿se nace con esas limitaciones o el muro de la evasión se va construyendo a lo largo de la vida?

No lo sé. Por el momento, y al calor de los acontecimientos, interesa hacerse la pregunta.

inesaenz@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.