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Columna de Inés Sáenz

La profecía de Carlos Fuentes

Inés Sáenz

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Carlos Fuentes nos regaló una enorme frase durante su conferencia inaugural de la Cátedra Alfonso Reyes, hace casi veinte años.

La tengo grabada en mi memoria. Es una frase que hoy cobra un sentido especial. En ese entonces, el escritor entendía que nos encontrábamos en un umbral, a punto de dar el paso hacia un nuevo milenio. Tenía plena conciencia de ese momento particular y, sobre todo, entendía la trascendencia de cada una de nuestras decisiones. Por ello, nos advertía que el siglo XXI podía conducirnos a un escenario de construcción o de muerte. En esa conferencia —que espero la Cátedra Alfonso Reyes publique en la conmemoración de su vigésimo aniversario— Fuentes nos proponía un nuevo contrato social para el siglo XXI que estuviera a la altura del futuro, con una agenda urgente que incluyera el cuidado de “nuestra casa común: la Tierra”, la lucha por los derechos humanos, particularmente los derechos de las mujeres, y una estructura económica que condujera a una mayor equidad.

Hoy, Carlos Fuentes ya no está con nosotros, y sabemos que su voz nos hace mucha falta. Sin embargo, sus palabras le sobreviven y estamos obligados a rescatarlas. Retomo su sentir de hace veinte años, porque hoy lo compartimos quienes presenciamos con asombro el rumbo que el mundo está dando en este nuevo siglo: vemos descender de picada la agenda ambiental, a pesar de las múltiples advertencias. En días pasados se publicó un informe que subraya la peligrosa desigualdad económica mundial, que se acentúa año con año. ¿Y qué decir de los derechos de las mujeres? Se han dado pasos importantes, pero la amenaza del retroceso está presente. La democracia, que hace veinte años era un sistema político incuestionable, hoy se tambalea. Basta con mencionar algunos países democráticos cuya rienda está comandada por políticos que no parecen representar los valores democráticos de pluralidad, apego a la legalidad y transparencia, consenso, y apertura. Pensemos en Rusia, Brasil, Estados Unidos, México, Venezuela, Hungría, Filipinas, Austria e Italia.

Hoy, hemos cruzado ese umbral del que hablaba Fuentes, y tenemos la certeza de que —al menos en el corto plazo— no hay disyuntiva, vamos en un franco retroceso. Parece inalcanzable cumplir con la agenda urgente, que los líderes políticos de algunos países mencionados han calificado de farsa. Farsa el cambio climático; farsa la violencia de género; farsa la inequidad económica; farsa el derecho a la legalidad; farsa el clamor de los medios; farsa el racismo y el antisemitismo crecientes. El hecho de que haya más tropas estadunidenses desplegadas en la frontera de México que en Afganistán, nos indica ese cambio de brújula: el migrante, el otro, es el nuevo terrorista. Entiendo que la próxima semana habrá elecciones en Estados Unidos y esperamos que haya un cambio, pero parece difícil.

¿Y qué decir de nuestro país?

Por eso, evoco el discurso de Fuentes, y me aferro a él para recordar nuestros compromisos pendientes. Vale la pena leer la totalidad de su conferencia. En esto momento rescato solamente la frase, que el escritor arranca del poeta francés Alfred de Musset:

Con cada paso que damos

No sabemos si caminamos sobre una semilla

O sobre una ruina.


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