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Jueves , 20.09.2018 / 08:13 Hoy

Columna de Inés Sáenz

Contra el horror consentido

Inés Sáenz

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"La vergüenza y el miedo
lo cubrieron todo.

Nuestra suerte fue amarga
y lamentable.

Se ensañó con nosotros
la desgracia.

Golpeamos los muros de adobe.

Es toda nuestra herencia
una red de agujeros."

José Emilio Pacheco,
'Manuscrito de Tlatelolco'


Advertencia: si usted es una persona a quien le gusta concluir sus lecturas con un aire de complacencia, no lea este artículo que desea reseñar un libro importante, lleno de lucidez y dolor. Un libro que todos los mexicanos debemos atrevernos a leer. Un libro breve, intenso, que seguramente se convertirá en una referencia obligada, al ser una brújula que nos permite entender a profundidad la situación en la que nos encontramos. Se trata de Los 43 de Iguala, de Sergio González Rodríguez, editado por Anagrama y recién publicado en agosto de este año.

Admiro el trabajo de este escritor y periodista. Trato de leer todo lo que escribe, ya sea sus artículos o sus libros. Me desgarran. Pienso en "Huesos en el desierto", una crónica desoladora sobre los feminicidios en Ciudad Juárez, que a la fecha siguen proliferando en todo el país con el silencio de la opinión pública que no los considera relevantes; o en Campo de guerra, un libro que –desde diversos puntos de vista y con una visión interdisciplinaria– trata de entender la realidad contemporánea y el contexto bélico que ha modificado la geografía y los modos de vida de los ciudadanos.

De los feminicidios pasa a los juvenicidios. Los 43 de Iguala no es sólo una crónica que trata de articular la verdad de una tragedia a la que todavía hoy no se le ha dado explicación (esta semana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos considera insostenible científicamente la versión oficial de la quema de los cuerpos). Es un retrato sobrecogedor de nuestra situación histórica, sociopolítica y económica, que nos ayuda a entender las fuerzas en tensión que subyacen y provocan la violencia que padecemos y que ha masacrado a tantos jóvenes en cínica impunidad. Es, en resumen, una exposición bien argumentada sobre la crisis de nuestras instituciones.

La tenacidad de Sergio González Rodríguez para acceder a la dura realidad de este país, sortear los laberintos de información llenos de lagunas e inconsistencias, buscar datos hasta por debajo de las piedras para exponer las fisuras de la verdad oficial es imprescindible. Sus libros son un asidero a la cordura, un intento de rescatar la fuerza de un lenguaje cada vez más erosionado por los eufemismos y circunloquios; un intento por bucear en las cifras y desenmascarar su verdad; y sobre todo, una voluntad de rescatar lo que importa: la vida humana con sus nombres y apellidos que se oculta bajo los datos. "La persona es borrada como tal de la faz de la tierra y asume un estatuto mineral, sin nombre ni memoria. Ofrezco un caso para tratar de entenderlo", nos dice el autor, que cierra su dolorosa escritura con cuatro propuestas concretas para revertir el deterioro de las instituciones que vulneran nuestra vida cotidiana en comunidad.

Pero, ¿queremos mirarnos de frente?, ¿queremos saber? Me temo que la voz de González Rodríguez es demasiado fuerte para nuestra feliz, pachanguera y evasiva ciudadanía a quien le es más fácil tolerar la simulación que la verdad. Su voz valiente me recuerda la de Casandra, que tenía el don de la profecía pero nadie escuchaba sus augurios. González mismo lo dice: quiere hablar de cuestiones que nadie se atreve a mencionar, y por ello probablemente pocos lo quieran leer.

Sus palabras incomodan, pero aleccionan. Nos invitan a "recobrar la lucidez ante la actualidad del horror consentido, y ejercer la libertad de transformar lo aciago". Por increíble que parezca, Sergio González Rodríguez alberga la esperanza.

Si ha llegado hasta aquí, probablemente quiera acercarse a Los 43 de Iguala.

Hágalo.

No quema.


inesaenz@gmail.com

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