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Consultorio del deportista

La afinación de los 40 mil kilómetros (Segunda parte)

Ignacio Cardona

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La mediana edad no es el mejor momento para morirse de hambre o embarcarse en un plan de alimentación restringido que ocasiona angustia. Esa estrategia de dietas estrictas, matadoras, que funcionó alguna vez, ya no aplica. La buena noticia es que puedes comer alimentos deliciosos y perder peso sin poner en riesgo la salud. Los expertos recomiendan enfocarse en las verduras. Amar los vegetales, aprender a disfrutarlos. Es muy sencillo lograrlo aprendiendo a condimentarlos, a prepararlos en una sartén o al horno con un poco de aceite de oliva de buena calidad, alioli o una cucharada de mantequilla. La clave está en elegir las verduras más frescas, en el mercado o directamente de agricultores, como un buen chef. Conforme vayas acostumbrándote los podrás comer hasta de postre.

Entre comidas

Una de las maneras más sencillas de dejar de comer comida chatarra empacada y bocadillos poco saludables es tener nueces al alcance de la mano. ¿Por qué nueces? En varios estudios se encontró que las personas que comían, en promedio una onza de nueces al día (alrededor de dos docenas de almendras o 15 mitades de nuez de cualquier tipo) tuvieron menos incidencia de enfermedad cardíaca, cáncer, enfermedad respiratoria, diabetes y enfermedades infecciosas en comparación con aquellos que rara vez lo hacían. Aún no está del todo claro el por qué el comer nueces reduce el riesgo de padecer esas enfermedades, pero sabemos que contienen grasas saludables no saturadas: ácidos grasos, omega-3 (bueno para el corazón); fibra (que puede reducir el colesterol y la diabetes y aumentar la saciedad); vitamina E (buena para la salud del corazón); y L-arginina (buena para paredes arteriales sanas). Se sugiere también que comer nueces puede influir en los sensores de saciedad en el cerebro y pueden ayudar a controlar nuestro apetito.

Compromiso con el agua, deja de beber tus sabores

Históricamente la mayoría de las culturas de todo el mundo bebían el agua limpia. En un número cada vez mayor de países, empezamos a querer saborear el agua, esto es saborizar el agua que bebemos. Gracias al poderoso mercado de bebidas embotellas tenemos una gran variedad de sabores, colores, olores y texturas para satisfacer cualquier paladar, hasta el más exigente. Mientras que las bebidas con sabor hacen cosquillas a nuestras papilas gustativas, también llenan nuestros cuerpos con calorías vacías y azúcares añadidos. Incluso las bebidas de bajas calorías contienen edulcorantes artificiales que pueden cambiar nuestra flora bacteriana intestinal, causando intolerancia a la glucosa.

No tenemos todas las respuestas, pero sí sabemos con certeza que, el agua simple, sencilla, es lo mejor para la salud. Mientras ajustas tu cuerpo para su segundo acto, considera un compromiso con el agua. Y si todavía anhelas bebidas con sabor a fruta, coloca rodajas de alguna fruta en el agua para darte un toque de sabor sin todas las cosas malas de las bebidas industrializadas.

dr.ignaciocardona@gmail.com
Twitter: @icardonam


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