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Lunes , 18.06.2018 / 01:36 Hoy

Peor para la verdad

¿De qué nos tienen que perdonar?

Humberto Zurita Eraña

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El sábado pasado, el candidato del PRI al gobierno del estado, Baltazar Hinojosa, en un evento realizado en Altamira se refirió, de acuerdo a crónicas periodísticas (http://expreso.press/2016/04/10/los-traidores-no-tienen-perdon/) a la unidad que prevalece en su partido, que “a diferencia de otros partidos, nosotros traemos en las venas” y que se expresa en “la lealtad”. Además resaltó que en el tricolor son “de una pieza. Aquí no nos rajamos, aquí no nos vendemos (…) aquí todos somos hombrecitos y mujercitas y asumimos la responsabilidad”, para finalmente rematar que “haya ‘rajones’ y que se vayan para otro lado, eso no tiene perdón”.

En un estado que necesita un debate político abierto, de propuestas y de un ejercicio pleno de las libertades, no caben este tipo de declaraciones que sólo enrarecen el ambiente.

Por eso, me permito disentir, porque es precisamente en la disidencia, tanto en nuestro pasado histórico como en la historia reciente, que se han abierto los cauces de la pluralidad democrática, hacia el interior de los partidos como en el desarrollo político de nuestra sociedad.

A título personal, no creo que cualquier persona que decida buscar en otros espacios de participación política las oportunidades que el autoritarismo de algún instituto le niegue, sean razón para calificarlo de “rajón” o incluso de “vendido”. Resultan simplistas estos adjetivos y demuestran un completo desconocimiento de la historia de nuestro país.

Además, resultan contradictorias estas afirmaciones cuando vemos que su candidata a la Presidencia Municipal de Tampico salió de las filas del tricolor y en su momento fue abanderada de Acción Nacional, contienda en la que por cierto ganó. También hay que recordar que su Coordinador General de Campaña en otra elección contendió contra el PRI como candidato a gobernador por un partido de oposición. Debemos de entender entonces que ellos sí tuvieron la gracia del perdón.

Lo que debe de recordar el candidato del PRI al Gobierno del Estado, es que el perdón únicamente se otorga a quienes son juzgados desde el poder público, y que yo sepa este aún no se gana. Pero además cabe preguntar, ¿De qué nos tienen que perdonar? ¿De no haber permanecido inmóviles y obedientes ante la imposición y el voluntarismo? ¿De ejercer las libertades que consagra nuestra Constitución?

Desleales son los que han traicionado a Tamaulipas y a su gente. Esos sí no tienen perdón.

Tampoco tiene lugar que se acuse de falta de valor a los “hombrecitos y mujercitas”, como públicamente lo dijo, a ciudadanas y ciudadanos tamaulipecos que se merecen respeto a sus decisiones personales, sobre todo de alguien que pretende gobernar a nuestro estado. Sus palabras, sólo alientan un discurso de odio que no debe permitirse.

Invito a que se le dé la bienvenida a la competencia, pero también a la tolerancia, a las disidencias, a la libertad de conciencia. En las diferencias es donde se enriquece el debate y la competencia, que siempre redituará en beneficio de la sociedad. No permitirlo o generar ambientes de encono social, van contra el ejercicio de la democracia. Y cito a Norberto Bobbio: “En democracia cualquier unanimidad es sospechosa”. Porque recordemos que ya no son tiempos de “cargadas”, ¿no cree usted?

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