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Domingo , 27.05.2018 / 17:22 Hoy

Crónicas urbanas

Urgencia cero: los días contados

Humberto Ríos Navarrete

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Esta segunda vez, por suerte, las condiciones anatómicas del corazón que llegaba de Jalapa, Veracruz, eran similares a las de Danna Paola Mendoza Rodríguez, de 11 años, quien necesitaba con urgencia un trasplante; de modo que hubo cierto alivio, pero tendrían que esperar 72 horas. La niña comía poco y vomitaba. Había bajado 20 kilos y sus pulsaciones eran lentas. Su caso estaba a punto de convertirse en "urgencia cero".

En la intervención quirúrgica participaría el cirujano cardiotorácico Guillermo Careaga Reyna, quien había formado parte del equipo médico que hizo el primer trasplante de corazón en México, el 21 de julio de 1988, en el Centro Médico Nacional La Raza, del que es —desde hace tres años— director general.

Años atrás, diciembre de 1967, Christiaan Barnard había realizado el primer trasplante de corazón a escala mundial. Fue en Sudáfrica. En México, La Raza, hospital del IMSS que había empezado a funcionar en febrero de 1954, se convertiría en el principal; el mismo donde en los últimos cinco años han realizado 100 trasplantes de corazón, incluido el de esta joven que no deja de sonreír.

De acuerdo con la Sociedad Internacional de Trasplante de Corazón y Pulmón, un centro que realiza más de 12 trasplantes por año, es un centro de productividad alta, explica Careaga Reyna, quien, didáctico y sin jactancia, añade: "Nosotros ya estamos por arriba de ese número dese hace cuatro años".

—Y cómo seguimos.

—Muy bien. Yo diría que bien en muchos sentidos. Cuando Barnard hizo la primera cirugía de trasplante cardiaco en humano, la terapia inmunosupresora no era la mejor. ¿Por qué? Porque no había mucho desarrollo farmacológico. La fortuna fue que cuando se hizo aquí en México, la terapia inmunosupresora era mejor y permitía controlar la reacción de rechazo, y más segura, con menos riesgos de infecciones para los pacientes, que desafortunadamente fue la causa por la cual falleció el primer trasplantado de corazón con Barnard.

—Cada año evoluciona.

—Las técnicas quirúrgicas ya están estandarizadas desde hace varias décadas, no varía mucho. ¿Qué es lo que ha variado? La forma como se selecciona al donador, como se cuida al donador, en tanto se obtiene la cirugía para recuperar los órganos, la selección del receptor, el cuidado del receptor y el programa de rehabilitación para reintegrarlos a sus actividades.

—Como el caso de Danna Paola, que es un éxito.

—Sin duda. Ella estaba en unas condiciones muy limitadas de salud, prácticamente a punto de que se convirtiera en lo que se llama "urgencia cero".

—¿Qué significa eso?

—Urgencia cero es cuando un paciente está en peligro inminente de muerte si no es trasplantado...

—¿Tiene los días contados?

—Efectivamente, y aquí se marca como urgencia cero porque todo el esfuerzo de las donaciones se enfoca a atender ese caso como prioritario; aunque hubiera otros en espera, el más urgente es el que se atiende y, en este caso, ella ya estaba muy dañada en su función, en su actividad física. En ella avanzó muy rápido la enfermedad y ya no le permitía mantenerse en condiciones prácticamente de vida.

—¿Su ventaja es que era jovencita?

—Esa es una de las ventajas, porque no hay tanto daño a otros órganos.

—¿Y tiene que ser el corazón de la misma edad?

—No necesariamente, puede ser un poco más grande, un poco más chico, lo importante es que esté en condiciones de funcionamiento mucho mejores.

Este cirujano cardiotorácico —San Luis Potosí, 1959—, de una abultada formación académica y profesional, dice que en México "estamos equiparables a los centros del mundo que hacen trasplante en las mismas condiciones. Tenemos los mismos resultados en sobrevida, en calidad de vida y en productividad".

***

Danna Paola es risueña y habla poco. Se le pregunta cómo se siente y suelta la carcajada, y añade: "Me siento muy bien".

—¿Y antes del trasplante?

—Me cansaba mucho, me dolía la cabeza, se me hinchaban mis pies, ya no comía, ni caminaba ni nada, me sentía muy mal.

—Y qué pensaste cuando te dijeron "te vamos a trasplantar el corazón".

—Yo no sabía de qué se trataba, y pensaba que iban a cambiar mis sentimientos hacia las personas, jijiji.

—¿Y cuando entras al quirófano?

—Pues que ya no iba a salir.

—¿Y cuando saliste vivita y coleando?

—Pues cuando me desperté estaba en terapia intensiva y no me acordaba de nada, no podía hablar.

—¿Y qué pensabas?

—Pues que gracias a Dios que estoy bien y a la familia de Veracruz por donarme el corazón de su hijo.

—¿Notaste el pulso del corazón, cuál fue la diferencia de antes y después?

—Pues como que el corazón antes no latía bien, como que se paraba; ya con el corazón nuevo ya latía a su pulso, ya no se me hinchaban mis pies y ya podía comer.

—¿Y ahora?

—Ya pasaron tres años y me siento muy contenta de tener un corazón y una segunda oportunidad de vida.

***

Danna Paola es acompañada por Silvia Éricka Rodríguez, su madre, quien comenta que estaba confundida cuando su hija enfermó. "La verdad es que no sabía yo cómo-cómo, cuál era el paso a seguir, el protocolo, no lo sé".

—¿Cuáles fueron los síntomas?

—Ella empezó a bajar muchísimo de peso, muchísimo; perdió unos 20 kilos y comía y vomitaba. Tenía 11 años.

—Y después, qué sucedió.

—En la clínica le diagnostican que tenía el corazón muy grande y decían que era un soplo, pero no; cuando nos dan la cita aquí en La Raza, el cardiólogo me dice que el corazón se hizo como chicle, que se agrandó para la edad que ella tenía, que una bacteria le había atacado el corazón.

—Y... la intervienen.

—Nos llaman tres, cuatro días después de que le estuvieron haciendo estudios, y nos dan la noticia de que tenía que ser un trasplante.

—Y cuánto tiempo esperó.

—Tres meses. Tuvimos una llamada el 18 de junio de 2013; nos decían que era posible candidata para el trasplante, pero la meten al quirófano y resulta que no; a los ocho días, exactamente, nos vuelven a llamar, para decirme que era la candidata para ese corazón tan esperado que necesitábamos.

—¿Qué sintió?

—Híjole, una emoción grande, porque mi hija se estaba muriendo. Y viene el trasplante. Y ese corazón era el que estábamos esperando.

—Y sale de la operación.

—Ajá, y nos marcan que en 72 horas se va a ver la evolución, pero resulta que ella empieza a tener problemas con el hígado, con el riñón, la tuvieron que dializar y le da neumonía. Fue un cuadro bastante complicado.

—Y se normalizó todo.

—Sí, y le doy gracias a Dios, a los médicos, a la institución.

Y muy-muy contenta y agradecida con la familia de Jalapa.

—¿Y tienen relación con ellos?

—No, pero simple y sencillamente yo estoy muy agradecida con esa familia, porque el corazón de su hijo está latiendo en el cuerpo de mi hija.

Y aquí, en una explanada del Hospital La Raza del IMSS, está Danna Paola, acompañada de su madre; y no muy lejos, en su oficina, Guillermo Careaga Reyna, director general de la también llamada Unidad Médica de Alta Especialidad, donde en los últimos cinco años se han realizado 100 trasplantes de corazón, incluido el de esta jovencita que sonríe mucho.

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