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Miércoles , 17.10.2018 / 00:44 Hoy

Crónicas urbanas

Tres mosqueteros del tatuaje

Humberto Ríos Navarrete

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En un principio los tres anduvieron dispersos por la ciudad, aquí y allá, mientras probaban en diferentes trabajos —uno de ellos fue prefecto en una escuela de la colonia Moctezuma, primera sección, donde ya cultivaba “eso” que llamó su atención desde niño— y llegó el momento de juntarse, pues los unía esa vocación y el entusiasmo por navegar en el mismo barco, para después echar anclas en algún lugar, un puerto seguro, según ellos, y empezaron a organizarse para poner un negocio.

Y dos colocaron las bases.

El primer local estuvo en la colonia Anáhuac, pero no tardaron mucho en notar que el bullicio era contrario a su labor, pues necesitaban aislamiento; caminaron alrededor de la misma zona, sobre la avenida Marina Nacional, y descubrieron un viejo zaguán, desde el que vislumbraron un largo pasillo. Era un lugar aislado, sin grandes cuartos, idóneo para instalar el mismo negocio de tatuajes. Y allí, en el número 139 de esa arteria, colgaron su placa con el nombre de Cry Baby Estudio.

“Íbamos caminando y lo encontramos; quisimos tener un poquito de más privacidad en este tipo de cosas y aquí nos instalamos Marcos Jasso y yo, que empezamos el proyecto”, dice Giovanni Quintana, mientras colorea un dibujo. “Después de un par de meses se nos unió Gueller; los tres somos amigos desde hace mucho tiempo, y aquí estamos trabajando, tranquilos y sin bronca”.

Quintana trabajó en varias partes, incluso de cargador, dice y sonríe, cuando se refiere al puesto de almacenista, aunque siempre tuvo preferencia por el dibujo, hasta que un día su amigo Marcos le propuso: “‘Ya, agárrate una máquina, vamos a darle a este tipo de cosas’. Y aquí estamos hasta la fecha”.

***

Marcos Jasso tuvo la inquietud de meterse en el terreno del tatuaje después de observar varias veces las técnicas que practicaban en lugares que él frecuentaba como cliente; además, había diseñado una serie de cosas aplicables a ese oficio, como el dibujo de letras y caligrafía en general, por lo que de alguna forma estaba familiarizado.

Un día, de tanto ir a lugares y preguntar, un profesional del tatuaje le preguntó:

—¿Y por qué no lo intentas?

—Pues si tú me lo dices...

Y fue el chispazo.

Marcos empezó a conseguir equipo y en forma paralela tuvo que alternar el trabajo de tatuador con otro empleo; pero como su nueva labor le hacía consumir demasiado tiempo, llegó el día que se abocó al que más le gustaba y redituaba.

Y es que, comenta Jasso, “desde muy chavillo, en la secundaria, andaba con las ondas del grafiti y todo eso. Entonces empezó a evolucionar, hasta que derivó en esto; pero, te digo, lo primero que empecé a tatuar fueron letras, letras, letras; mucha gente me conocía, bueno, en esta onda, en este medio, porque veían que yo hacía muchas letras, y ya después empecé a desarrollar otras cosas dentro del tatuaje”.

—La caligrafía deriva...

—De alguna manera, sí; te digo, empecé a hacer las letras y me dio una buena base para la estructura de los trazos.

—Y se asocian...

—Los tres ya habíamos tatuado en algunas partes y decidimos comenzar con este proyecto; en un principio fue Giovanny y yo; después se unió Gueller; y aquí estamos, armando un buen equipo, una buena propuesta.

—Y además con el auge del tatuaje.

—Sí, ya muchos prejuicios se están yendo de lado, tanto laborales como personales. Sí se toleran, pues se sabe que el hecho de tener un tatuaje no determina la capacidad de un trabajador. Yo, cuando estaba trabajando, tenía compañeros muy buenos que estaban tatuados; el tatuaje no determina ninguna de tus capacidades.

—¿Deben terminar los prejuicios?

—Sí, pues en una empresa tienen que calificar tus habilidades, no la apariencia.

Hay empresas son más tolerables con este tipo de situaciones, por lo mismo: que el tatuaje no determina tu capacidad. Aunque algunas empresas disfrazan el rechazo.

***

Las tres historias, de orígenes distintos, convergen en un proyecto de tres amigos que hace poco se lanzan a la aventura.

La destreza para dibujar por parte de Rodrigo Reyna, Gueller, por ejemplo, empezó desde niño, y en cualquier trabajo donde ha estado, ya sea de oficinista o empleado de transporte, hasta el de prefecto, siempre practica el dibujo. Durante los tiempos muertos ejercía esa habilidad de bocetar y trazar figuras.

Tenía 23 años cuando empezó a trabajar en la Secundaria Técnica número 27, con el empleo de prefecto, de las 14 a las 21 horas. Lo alternaba con el tatuaje, pero llegó el momento en que prefirió lo que más le gustaba.

“El último año que trabajé en la SEP fue muy pesado porque también iba a tatuar”, refiere Gueller. “Salía a las 9 de trabajar y me tenía que ir a la casa a tatuar. Después me cambiaron el horario y trabajaba de 8 de la mañana a 3 de la tarde, y todavía iba a tatuar. Ese año fue muy pesado”.

—¿Y ahora?

—Este año ha sido más tranquilo y hago lo que me gusta. Es a lo que me dedicaré de lleno. No me veo haciendo otra cosa. Y creo que eso es lo que más me impulsa a no regresar a un trabajo como empleado. Ya depende de mí lo que trabaje. Y afortunadamente Marco y Jovanny movieron las puertas del estudio, pues tenemos mucho en común y podemos hablar en confianza para lo que pueda mejorar el estudio y el camino que podemos llevar. Es una oportunidad grandísima para desarrollarme, porque ellos son personas muy talentosas y aprovecho que comparten sus conocimientos y su amistad.

—¿Es tu vocación? —se le pregunta a quien estuvo seis años como prefecto.

—Desde que vi lo que era el tatuaje siempre supe que iba a llegar el momento para dedicarme a practicar lo que está considerado como un arte —se apura a decir Gueller, de 30 años de edad.

—¿Prefieres algún estilo?

—El tradicional y el neo tradicional son los que más me gustan y los que mejor domino. El tatuaje tradicional es línea y colores sólidos. Son de los que más duran. Hay cuatro bases en el tatuaje: sombras, tribales, tatuaje tradicional y japonés. Son los que después de 100 o 200 años se puede entender lo que es. Me gusta la estética del tatuaje tradicional. Es simplificado, pero no tan fácil: la sombra, la línea, el color.

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