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Viernes , 19.10.2018 / 04:39 Hoy

Crónicas urbanas

"Mi Valedor" aterriza en Bucareli

Humberto Ríos Navarrete

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La revista Mi Valedor, integrante de una red de impresos callejeros en diversas ciudades del mundo, cumplió dos años; aunque la idea, recuerda Paula García, comenzó a germinar hace tres, luego de que María Portilla regresara de Inglaterra, donde hace 25 años nació la idea original de los llamados street papers, como una herramienta de autoempleo para la gente que había quedado sin casa debido a la crisis.

En ese cuarto de siglo el concepto se ha extendido a 114 ciudades de 35 países, incluida la capital mexicana, donde Paula García coordina los textos —“el contenido es una oda al surrealismo” de la Ciudad de México sobre determinados temas—, mientras que un grupo de personas en situación de calle es capacitada y vende revistas, con buenas ganancias para ellos.

Y por primera vez se sumó una valedora, Hadasha Fragoso, nacida en Tepito hace poco más de 58 años, varios de los cuales vivió en Ventura, California, donde trabajaba en una tienda —rememora— y amanecía danzando en la playa; pero un día volvió a la Ciudad de México y se topó con la sorpresa de que no había un hogar que la cobijara.

Hace poco, refiere Hadasha, mientras saboreaba la sopa en el comedor público de la calle Ecuador, aparecieron Mari y Delfis, de Mi Valedor, “unos ángeles que mandó Dios para rescatar a la gente que está en el pozo de la desesperación y en el laberinto de los problemas”.

—¿Qué le dijeron?

—Me estaban dando una buena opción: me van a regalar cinco revistas, me van a enseñar a venderlas, y dije: “Por lo menos ya tengo 100 pesos asegurados, vámonos”.

Y aquí, frente al número 69 de avenida Bucareli, domicilio de Mi Valedor, sentados alrededor de una mesa colocada en una curva de la banqueta, Hadasha y otros valedores escuchan a la maestra Astrid López Méndez, que imparte un taller de crónica.

—¿Y qué piensa hacer en Mi Valedor, además de vender revistas? —se le pregunta a Hadasha.

—Pues si Dios lo permite —dice mientras mueve las cejas delineadas y los labios carmesí—, seguir recorriendo los barrios para invitar a la gente que si la quiere hacer, pues vámonos con el valedor; y el que no, ya dije: “quédate ahí sentado, nomás mirando el paso de los triunfadores”. Bye.

—Y qué pasó con su familia de Tepito.

—Pues mis abuelos ya se murieron y la casa de la accesoria la traspasaron; no tengo herencia qué pelear, más que mis raíces y mis valores.

—¿Y sus primos, sus hermanos?

—Ahí andan, ahí andan, pero no me gusta causar molestias porque siempre estuve acostumbrada a ser, cómo se dice, autosuficiente desde los cinco años. Vivía sola con mi abuelita desde que tenía ocho meses.

—Ahora está muy bien aquí...

—Sí, porque me dan la oportunidad de escribir, de desahogarme y compartir todo lo que tenemos enterrado los seres humanos. Nada más que le pido a Dios pronto juntar lo que necesito para abrir mi oficina de nutrición, salud y dieta, y demostrarle a toda la gente que me ha criticado, y que me ha empujado para abajo con el dedo, que no es como piensan.

***

Paula García cuenta que hace tres años empezaron con el sueño. El primer año fue de investigación, “de saber cómo tropicalizábamos la revista, qué tipo de producto íbamos a tener porque, como sabes, en la calle encuentras de todo”.

Y, consciente de la diferencia que hay entre la población callejera en cada país, sobre todo con la de Europa, se embarcaron.

“Total —recapitula— que después de un año decidimos meternos en fondeadora, una plataforma que ayuda a sacar proyectos que no tienen dinero para salir todavía, y juntamos para sacar los primeros tres números”.

El proyecto nació en marzo de 2015, aunque primero estuvieron como voluntarios en La Carpa, una institución de asistencia privada que trabaja con población callejera de La Candelaria y La Merced.

Después visitaron otros albergues, al mismo tiempo que publicaban la revista y explicaban el proyecto: que había una oportunidad de trabajo, con ganancias de hasta de 100 pesos por la venta de cinco ejemplares, además de ofrecer diversos talleres.

Mi Valedor es una revista monográfica, coleccionable, con muchas fotografías sobre la cotidianidad de las calles de la CdMx; es como una oda al surrealismo a través de temas distintos”, explica García.

—¿Y cómo se publican los trabajos, quiénes son los autores?

—Queremos una revista inclusiva, porque ya nos hartamos de las divisiones. Puede escribir desde un escritor consolidado, como Emiliano Monge, hasta un emergente o uno de los valedores. La revista es una mezcla de todos los que ocupamos esta increíble ciudad.

Un ejemplo entre los valedores es Francisco, que aprendió en un curso de fotografía —comenta Paula García— y compró una cámara, de modo que su propuesta será el tema de la próxima revista.

Y a Francisco ya se le paga como un colaborador extra, aclara García, “siempre desde una relación horizontal, nada condescendiente; o sea, la foto es buena, la foto entra en la revista; si la foto no es buena, pues...”

—Solo si tienen calidad...

—Exacto.

—¿Y sobre los textos?

—Creamos un consejo editorial con algunos de ellos, los más constantes en los talleres para que eligieran el tema de qué quieren que se trate en su revista; si bien vamos a aceptar colaboraciones externas, ellos deciden qué colaboradores entran... Ahora también tienen un podcast, www.mivaledor.com, La voz de la calle, y el canal de YouTube.

—¿Es un proyecto único en México?

—Existen iniciativas, pero no como Mi Valedor, pues justo lo que aquí hacemos es salir del asistencialismo: no regalar las cosas, sino enseñarles a generar sus propios ingresos. Somos una empresa social. Pretendemos salir adelante como cualquier otro medio, a partir de publicidad consciente, patrocinios y donaciones.

***

Astrid López Méndez, encargada de impartir un taller de crónica a los valedores, es cofundadora y coordinadora de Ediciones Antílope que, en alianza con Mi Valedor, impartirá más cursos.

En la versión impresa de Mi Valedor de junio —explica la profesora—, José Santillán publicará una crónica sobre los encuentros y desencuentros con El Pantera, El Español y El Comanche, “tres de los compañeros con quienes ha compartido vivencias difíciles, y otras tantas chuscas, en las calles”.

—¿Y qué descubrió en el taller?

—Uno de los participantes —detalla López—, el valedor Francisco, dijo que la revista le dio confianza, ya que él venía de un entorno difícil y no estaba acostumbrado a tanta amabilidad: los talleres, las ventas, ese calor humano que proyectan y la confianza que nos brindan, olvidándose de los prejuicios tan comunes como el de tratar con gente de la calle.

Para Francisco hay historias que le provocan una sensación de que no han terminado y que deben seguir narrándose, reescribiéndose, de acuerdo con la época y las personas.

Por eso, añade López Méndez, en uno de los ejercicios del taller en el cual tenían que escribir la propuesta de tema para su siguiente crónica, Francisco intervino una canción de Rockdrigo González:

“Yo quiero hablar de la historia de la no historia, de los textos escritos que carecen de sentido, de la gente sin sentido, de las cosas sin sentido. Estas letras no se me ocurrieron ni tampoco las escribí. Yo no sé de dónde vengo ni tampoco dónde nací, no hablo del amor que predomina en la gente, no hablo del color que predomina en la mente. Quizá es el vacío con el que a veces me espanto. Esta es una historia que no sé por qué relato.”

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