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Miércoles , 17.10.2018 / 14:12 Hoy

Crónicas urbanas

Los sin nombre

Humberto Ríos Navarrete

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Deambulan en diferentes partes de la Ciudad de México, algunos semejan zombis, la estopa de inhalantes en el puño o, de un tiempo acá, carrujo de hierba, y usan zonas concretas para guarecerse, como acostumbran los hacinados de la calle Artículo 123 o los que ocupan un tramo de Paseo de la Reforma, colonia Guerrero, o aquellos que pernoctan afuera de la estación Cuauhtémoc del Metro, igual que en Tasqueña, entre ellos hay algunas mujeres embarazadas o con niños, de los que el Estado no puede hacerse cargo porque se violan sus derechos —de los padres—, de modo que son invitados a los albergues oficiales, donde deben cumplir normas; pero no todos asisten, pues también son auxiliados por organizaciones no gubernamentales.

Sobre la banqueta de Artículo 123, entre Balderas y Humboldt, montaron carpas, lo mismo que en el parque de La Ciudadela, cerca de ahí, y sobreviven con ayuda oficial o de gente que les ofrece comida, que también adquieren con monedas regaladas por automovilistas; aunque muchos de ellos son rechazados, pues andan drogados, son de caminar torpe, además de expulsar olores que ahuyentan a viandantes, quienes también deben soportar el tufillo de excremento y orines. Uno que otro aparece acostado en calles vecinas, donde lo esperas, o tres o cuatro acurrucados entre sí, somnolientos, dormidos o la mirada extraviada. Balbucean y hacen señas.

Un día salieron de sus casas, ya sea de colonias periféricas o de otras latitudes, rechazados por sus padres o padrastros, y nunca más volvieron ni lo harán, aunque hay quienes, muy pocos, mantienen comunicación con familiares. En general, sin embargo, su única familia son los amigos. Forman parte de generaciones de hombres y mujeres que vienen y van. Algunos mueren en la calle; otros se acogen a programas oficiales y alcanzan a sobrevivir. Incluso han conseguido trabajo.

Y hay quienes han podido reintegrarse a través del Instituto de Asistencia e Integración Social (Iasis), del gobierno capitalino.

La próxima semana serán entregadas 269 actas de nacimiento como parte del Programa de Registro Extemporáneo de la Secretaría de Desarrollo Social, dirigido especialmente a adultos mayores y población callejera.

Entre los beneficiados está Víctor, según información oficial, "un hombre que hasta hace unas semanas vivía en Artículo 123 junto con su pareja".

Tienen un bebé de cinco meses, quien recibirá su acta de nacimiento y con ello, según la información, "podrá tener acceso a derechos universales, como son la salud, la educación y a los programas del Gobierno de la Ciudad de México".

Y entre esas personas que viven "en situación de calle" —término acuñado oficialmente—, algunas han alcanzado a sobrevivir hasta su mayoría de edad; y llegará el momento en que necesitarán de los programas oficiales para poder paliar sus dolencias con la atención de especialistas, como es el caso de Teresa Salazar, de 70 años, quien tiene cáncer y demencia senil.

***

Teresa Salazar es de baja estatura, tez morena, delgada e inquieta, mueve las manos como si tejiera en el aire, balbucea y sonríe, y a veces mueve el cuerpo como si bailara. No comprende nada, pero parece entender. Los funcionarios le hablan con ternura. Hace un año fue encontrada en la calle y reportada ante la Procuraduría General de Justicia local.

El 28 de abril de 2015 fue encauzada al albergue Villa Mujeres por el Programa de Atención a Personas en Situación de Calle de la Secretaría de Desarrollo Social. "Ya dentro las instalaciones del albergue", informa Berenice Castañeda, trabajadora social a cargo de la paciente, "se le proporcionan servicios de alimento, vestido, atención médica y apoyo sicológico".

—Ella tiene un problema de salud.

—Sí, presenta un diagnóstico de cáncer cervicouterino, por lo cual se le va a dar el seguimiento correspondiente, ya que obtuvimos el día de hoy el acta de nacimiento, y posteriormente se realizará el trámite del Seguro Popular. Sin ese documento —dice la profesional, siempre al pendiente de Teresa— no podíamos realizar el seguimiento correspondiente para el caso médico.

El director general del Iasis, Héctor Maldonado San Germán, informa que dentro de las funciones del instituto está el registro extemporáneo de personas vulnerables o poblaciones callejeras. "Hay 10 Centros de Integración Social, dice, donde tenemos a las personas que, en una palabra, nadie quiere tener y muchos de ellos carecen de acta de nacimiento".

Estos registros extemporáneos, comenta el funcionario, se llevan a cabo de forma gratuita "derivado de un convenio que teníamos desde 2013, y se han podido registrar más de mil 126 personas con características que no cuentan con este registro".

—¿Y cómo detectan ese problema?

—Tenemos brigadas que van a los puntos de calle y un sistema donde hacemos el análisis; preguntamos nombres y buscamos a través del Registro Civil sus actas; si no se encuentran, entonces procedemos al registro extemporáneo.

—Es gente que deambula en la ciudad.

—Así es. Y hemos tenido casos de éxito, como ver a más de 50 personas reinsertarse, hacer su familia y alguna profesión.

—Es como una puerta a la libertad...

—El registro y el acta de nacimiento es la puerta que les abren a los derechos humanos y a los programas sociales...

***

Este hecho es avalado por Maribel López García, juez sexto del Registro Civil, acompañada de Maldonado San Germán y Berenice Castañeda, quienes procuran que la huella digital de Teresita quede bien calcada en el acta de nacimiento, la número 1582991.

La juez dice que hay un programa en el que participan "varias instituciones: la Dirección General del Registro Civil, las secretarías de Desarrollo Social y la de Finanzas, la Procuraduría General de Justicia local, todas ellas, con las que se firmó un convenio para facilitar el registro extemporáneo de estas personas".

—Es cuando las instituciones ayudan a los desprotegidos.

—Exacto —responde—. Apenas me pasó un caso con un joven. Le comenté que por qué no había estado registrado. Me dijo que él no confiaba en las instituciones, que él se la pasaba drogándose. Estaba en Garibaldi. Dijo: "La verdad es que no tengo necesidad de registrarme porque tengo todo: me dan comida, me dan vestido; cada semana me dan, de una institución privada o pública, comida; entonces, me drogo, saco para mi droga, no tengo ninguna necesidad de registrarme".

—Pero finalmente le dieron el acta.

—Así es. Porque fue su voluntad apegarse a los beneficios, pues él quería reincorporarse a la sociedad, y porque al fin tuvo un afán, una pareja, y dijo: "Me encontré una persona y quiero estudiar... pero para hacer todo eso necesito mi acta de nacimiento".

—Vio que son importantes las instituciones.

—Es importante tener una identidad, porque sin una identidad, que es lo que da el acta de nacimiento, se carece de muchos otros beneficios, y obligaciones también, ¿no?, que es lo que trae consigo.

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