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Sábado , 15.12.2018 / 14:04 Hoy

Crónicas urbanas

La historia en caricatura

Humberto Ríos Navarrete

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Los cartones de autores clásicos y actuales están en las paredes de un edificio que data del año 1612, situado en el número 99 de la calle Donceles, donde desfilan punzantes trazos de cartonistas que retratan a personajes que van desde Benito Juárez, Antonio López de Santa Anna y Porfirio Díaz, hasta Luis Echeverría, pasando por José López Portillo, Carlos Salinas, Vicente Fox y Felipe Calderón, entre otros, aunque sobresale uno de los más caricaturizables: el sempiterno dirigente de la Confederación de Trabajadores de México, Fidel Velázquez, quien incluso, dicen, coleccionaba los retratos.

A otros, en cambio, les brota urticaria. Fue el caso de López de Santa Anna, quien ocupó la Presidencia de la República en 11 ocasiones; en esa época las caricaturas salían sin firma, con la idea de que no identificaran a los autores, quienes se turnaban la plumilla para ridiculizar al dictador. Lo dice Mario Alberto Garduño, conocido como Maral, un hombre de humor ligero que salpica de chistes mientras describe de manera seguida a los visitantes del inmueble conocido como Antiguo Colegio de Cristo.

El Museo de la Caricatura fue inaugurado el 19 de marzo de 1987 por el entonces presidente de la República, Miguel de la Madrid, y el regente capitalino Ramón Aguirre. Pedro Sol era presidente de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas. Fue en ese año cuando se inauguró la primera exposición, que incluyó a miembros del Salón de la Plástica Mexicana. Fue entonces que se consolidó un proyecto que con el tiempo se había pospuesto desde 1962, cuando gobernaba Adolfo López Mateos.

En los muros permanecen las caricaturas publicadas en periódicos como El Demócrata, de 1893, y Regeneración, en 1900, donde estaban los hermanos Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón, que serían reprimidos. Ricardo fue encarcelado y al salir libre dirigió El Hijo del Ahuizote, que sirvió de tribuna para denunciar las tropelías del gobierno. De nueva cuenta sería detenido.

Durante esa época porfirista estaban en su apogeo los grabados, ilustraciones y caricaturas de José Guadalupe Posada, quien criticó a la dictadura con sus calacas, además de representar a gente del pueblo y burlarse con sus calaveras de diferentes formas, empezando por su popular Catrina.

Y ahí están los trazos de Ernesto García El Chango Cabral, Naranjo, Calderón, Helio Flores, Freyre, Boligán, Magú, Abel Quezada, Sixto Valencia, Alarcón, Apebas, Eko, Romero, Huici, Carreño, Alberto Isaac, Hiracheta, Castrux, Vázquez Lira y tantos otros que han retratado los usos y costumbres y satirizado a funcionarios y políticos mexicanos.

***

El guía de este periplo es Mario Alberto Garduño, mejor conocido como Maral, quien comenta que el Museo de la Caricatura —“lo podemos decir y presumir”— es único en su género en el mundo porque “es la historia de un país contada por sus caricaturistas.

Tiene pruebas para jactarse.

—A ver— se le pide.

Y retrocede en el tiempo.

—Desde 1827, Claudio Linati, un italiano perseguido que llegó a nuestro país en busca de fama y fortuna, hace la primera caricatura.

—¿Y de ahí?

—Pero no solo es importante que Linati haya hecho la primera caricatura, que por cierto se llama La Tiranía, publicada en El Iris, donde aludía, nada más y nada menos, que al sobrino de Napoléon Bonaparte, el famoso Pepe Botella... El otro dato interesante es que Linati introdujo la litografía en México.

Y es que sin las litografías del italiano, comenta Maral, no hubiera sido posible llenar la primera sala, una de las cinco para exposición permanente que tiene el museo; las otras cuatro son para exhibiciones temporales.

“La única desgracia de ese gran invento alemán”, acota Maral, refiriéndose a la litografía, “es que después de que se imprimía lo que se tenía que imprimir, se borraba el dibujo que se hacía sobre esa piedra. Entonces no había originales, pues se perdían; afortunadamente quedaban las réplicas”.

—Aquí están los clásicos.

—Sí, básicamente, los que no se acabó don Porfirio —comenta Maral, sin dejar de sonreír— y otros que estuvieron antes, como Picheta, de mediados de 1840, cuando él saca su Don Bule-bule; por cierto, nomás duró un año, pues fue cuando perdimos más de la mitad del territorio nacional. Pero aquí está lo mejorcito de la caricatura mexicana.

***

60 por ciento de los caricaturistas están representados aquí —calcula Mario Alberto Garduño—, donde hay cerca de 500 expositores permanente y más 200 temporales en las otras salas distribuidas en la planta baja de este edificio histórico, donde también imparten talleres para personas de todas las edades.

Aquí también se homenajea caricaturistas e ilustradores mexicanos, como el realizado al “gran a Castrux”, quien falleció recientemente.

Maral insiste en que este museo es “único en su género, ya que es la historia de un país contada por sus caricaturistas”, y habrá que creerle, pues además de decirlo con mucha convicción, argumenta:

—Yo que he tenido la oportunidad de estar en otros museos del planeta, en Europa, sobre todo, y me he dado cuenta de que no hay otro igual a este. Entonces eso debe llenarnos de orgullo a los mexicanos.

—¿Y cuál es el Presidente al no le gustaba que le hicieran caricatura?

—Uno que recuerdo es al señor Salinas. A él no le gustaba, ni le gusta, eso lo remarco, ni le gusta que lo dibujen, no sé cuál sea el motivo, ¿verdad?

—¿Y al político que le gustaba o que le gusta?

—En los años 60, 70 y hasta los 80, al maestro Freyre, que era un gran retratista, así te lo puedo decir, los políticos de aquella época hacían fila para que él los dibujara. Imagínate qué tan bueno era el maestro que, por cierto, desde la edad de los 13 años, ya publicaba en El Dictamen de Veracruz, el periódico más antiguo de México.

—Otro personaje al que le gustaba...

—Don Fidel. Le encantaba. Por cierto, durante un cumpleaños del señor, alguien, de esos lambiscones que siempre andan por ahí, le dice: “Señor, señor, que cumpla usted otros 100 años”. Y le dice don Fidel: “Qué pasó, qué pasó no me limite, no me limite”. Porque él era de una familia longeva... A quien se le habían hecho caricaturas en un principio era a don Porfirio. Los compañeros caricaturistas independientes.

—Había pro porfiristas y otros anti.

—Los compañeros de La Orquesta, junto con otros del Ahuizote —que no tiene nada que ver con El Hijo del Ahuizote, aclara— y otros compañeros de otros periódicos, veladamente, estaban trabajando para llevar a Porfirio Díaz a la Presidencia.

—Pero hubo un tiempo en que no firmaban las caricaturas.

—Con Santa Anna los compañeros muy hábilmente, para que este individuo no los reprimiera, pues como todos dibujaban prácticamente igual, eran grandes dibujantes, con esa marcada influencia de los europeos, pues la manera de defenderse era no firmando sus dibujos y así el señor Santa Anna no podía identificarlos ni reprimirlos. Y si alguien propició la libertad de expresión en este país ese fue don Benito Juárez, que por cierto, si tú te diste cuenta a la entrada de aquí del museo, hay una caricatura, que no es la única, donde se le criticaba muy acremente; pero era por esa situación de los compañeros de La Orquesta, que querían a don Porfirio en el poder.

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